Tuesday, November 17, 2015

CÓMO APLICAR LOS PRINCIPIOS BÍBLICOS | Dr. Charles Stanley

La idea de aplicar los principios bíblicos es malentendida con frecuencia. No es simplemente un proceso de tres pasos: escuchar, creer y aplicar. Pues entre creer y aplicar hay otros dos pasos: explorar y descubrir.

Explorar un principio bíblico significa estudiar la Biblia para entender 1) cuál es el contexto que lo rodea, 2) lo que significa el principio, y 3) lo que revela acerca de Dios. Además, debemos tener en cuenta cómo se relaciona este principio con el resto de la Biblia. Escudriñar la Palabra de Dios ablanda la mente y el corazón para que la nueva doctrina se plante con profundidad.

Al arar más profundamente en la Palabra, el nuevo concepto se vuelve real para nosotros. Descubrimos cómo funciona el principio, y la forma correcta de aplicarlo a nuestra vida. Al hacerlo, la rica verdad llega a ser nuestra. No es simplemente pegada a nuestras acciones como una influencia externa; en vez de eso, ponemos la verdad en nuestro corazón y nuestra mente, lo que le permite transformarnos desde el interior.

Hacer de los principios de Dios una parte integral de nuestra vida es una gozosa experiencia. En vez de sentir un gusto pasajero por un nuevo concepto, la persona que se apropia de un principio se regocija en él. Y sigue cavando en la Palabra para aprender más de los estatutos del Señor.

Un creyente que no tiene mucho que decir en cuanto a la obra de Dios en su vida, probablemente no está aplicando la Sagrada Escritura. Escuchar y creer simplemente no hace que un concepto se vuelva nuestro. Un principio es suyo cuando explora la verdad, descubre el lugar de ella en su vida, y aplica el concepto de modo que Dios pueda hacerlo funcionar.

Monday, November 16, 2015

CUANDO SE IGNORA LA PALABRA DE DIOS | Dr. Charles Stanley

Jaime compró un juguete para sus nietos. Después de dar una rápida mirada a las instrucciones, puso el folleto a un lado y se dedicó a armarlo. Después de algunas horas de frustración, Jaime leyó humildemente las instrucciones otra vez y siguió los pasos para armar el juguete. Pronto lo tuvo armado, y los nietos se pusieron a jugar alegremente.

Jaime sabía que el fabricante tenía un plan de cómo armar el juguete. Pero él es un hombre inteligente y dio por sentado que podría hacerlo sin ayuda. Muchas personas actúan como Jaime cuando se trata de seguir lo que la Biblia dice. En vez de tratar a la Palabra de Dios como un manual para la vida, le dan un mirada rápida cuando no están seguros de qué hacer después.

La Biblia es el manual del Padre celestial. Enseña a los creyentes quién es Él, lo que piensa, y cómo actúa. Conocer los caminos del Señor garantiza que podemos tomar decisiones sabias que le honran.

Hago hincapié en que debe leerse todos los días, porque los creyentes no podemos ser exitosos o victoriosos espiritualmente sin ella. En el pasaje de hoy, leemos que si una persona quiere ser recta, su vida debe ajustarse a los principios bíblicos. Por supuesto, la única manera de saber cuáles son esos principios es por medio de la lectura, estudio y reflexión de la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios es nuestra posesión más valiosa. Ignorarla es tan absurdo como arrojar una billetera llena de dinero. Entre las riquezas de la Biblia están historias que nos enseñan cómo servir al Señor y cómo agradarle. También contiene abundantes instrucciones para tener una vida recta y con propósito.

Saturday, November 14, 2015

EL PODER DE LA ORACIÓN | Dr. Charles Stanley

En la Biblia encontramos ejemplos de personas que oraron con autoridad. Elías desafió valientemente a los profetas del falso dios Baal, porque sabía que el Señor escucharía y respondería. El rey Josafat se enteró de que un gran ejército venía contra Israel, por lo que buscó a Dios por dirección y fuerzas, e hizo un llamamiento a la nación a hacer lo mismo.

Estos ejemplos pueden enseñarnos acerca de cómo orar con poder.

Depender de Dios. Las peticiones de ambos hombres mostraban su gran confianza en el Señor. Por saber que la victoria sobre los enemigos de Israel estaba más allá de sus propias capacidades, le pidieron al Señor que interviniera.

Centrarse en su plan. El profeta hizo las cosas a la manera de Dios con enormes posibilidades en su contra, y con un gran riesgo personal (1 R 19.1, 2). Y, al mismo tiempo, el rey llamó a la nación a ayunar, mientras él buscaba conocer la estrategia del Señor.

Tener una motivación pura. Ambos líderes tenían intenciones centradas en Dios, con el propósito de apoyar los planes del Señor. No estaban tratando de ganar nada para sí.

Confiar en la fidelidad del Señor. Ninguno de los hombres dudó en pedir públicamente la ayuda divina. Elías explicó el plan a los 450 profetas enemigos, y Josafat exhortó a todo Israel a unirse a él en oración.

Si sus oraciones parecen estar teniendo poco efecto, pregúntese: ¿He estado confiando en mis fuerzas para resolver las cosas? ¿Hay una razón egoísta en mi petición? ¿Me falta confianza en Dios (Stg 1.5-7)? Si es así, vuélvase al Señor, confiese su pecado y busque seguir el ejemplo de Elías y Josafat.

Friday, November 13, 2015

ORAR CON AUTORIDAD | Dr. Charles Stanley

Dios ha dado a sus hijos el privilegio de acudir a Él para todas sus necesidades; aun más, ha prometido responderles. También ha incluido el derecho que tenemos de hacerle peticiones en favor de los demás. La Biblia nos dice que la oración del justo puede mucho (Stg 5.16).

Para ser considerados justos a los ojos del Padre, tenemos que haber aceptado su regalo de salvación. Antes de ser redimidos, éramos personas inicuas bajo condenación (Ef 2.1, 3). Pero, por la fe en Cristo como nuestro Salvador, somos hechos nuevos y declarados santos delante de Él. Entonces, para que nuestras peticiones sean poderosas y eficaces, tienen que estar de acuerdo con su voluntad (1 Jn 5.14, 15). El secreto para hacer peticiones que se ajusten a su plan es conocer el carácter y las prioridades del Padre celestial.

Elías es un buen ejemplo de alguien que oraba con autoridad. El Señor lo envió a enfrentarse al impío rey Acab y a los 450 profetas de Baal. Se trataba de un conflicto espiritual para demostrar quién era el Dios verdadero: Baal o el Señor de Israel. Las armas de Elías eran su conocimiento del plan del Padre celestial, y la autoridad que tenía en la oración como profeta de Dios. Su petición, hecha públicamente delante de sus adversarios, armonizaba con la voluntad del Señor de que supieran quién era Jehová (Ex 7.5; 1 R 18.37). Cuando Dios respondió la oración de Elías, el pueblo declaró: “¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” (1 R 18.39).

¿Es usted hijo de Dios? Si lo es, puede orar con autoridad y poder, seguro de que sus peticiones están de acuerdo con la voluntad del Señor.

Thursday, November 12, 2015

LA FORTALEZA VIENE CON LA ESPERA |Dr. Charles Stanley

El agotamiento es un resultado del exceso de compromisos y responsabilidades. En nuestro esfuerzo por lograr todo lo que esperamos, tratamos con frecuencia de ir más rápido y de atiborrarnos de tareas. Pero, al hacerlo, terminamos emocional y físicamente agotados. El Señor ofrece un estilo de vida radicalmente diferente, y además renueva nuestras fuerzas y vigor.

Quienes esperan en el Señor tienen la promesa de su poder sobrenatural. De hecho, la Biblia dice que ese poder superará la fuerza y el aguante de los jóvenes. El acceso a este poder divino se logra, no yendo más rápido sino más despacio, deteniéndonos para sacar tiempo y concentrarnos en Dios, buscar su dirección, y pedir su poder para llevar a cabo lo que nos encomienda.

Cuando era más joven, me agotaba debido a mi impaciencia, tratando de sacar adelante al ministerio a mi manera y en mi tiempo. Desde entonces, he aprendido que cuando hago una pausa y me humillo ante el Señor, reconociendo que no tengo fuerzas sin Él, Dios me sostiene emocional y espiritualmente. No hay ninguna explicación humana para lo que Dios quiere y puede hacer en un cuerpo humano rendido a Él. Su Espíritu Santo es como el viento debajo de nuestras alas, que hace posible que nos remontemos como las águilas.

La próxima vez que esté al borde del agotamiento, tómese un tiempo para centrarse en el Señor. ¿Está usted caminando al ritmo de Dios, o se le ha adelantado? Vaya de la mano del Señor, y haga suyo el poder que ofrece sin restricciones a quienes andan obedientemente dentro de su voluntad.

Wednesday, November 11, 2015

CUANDO DIOS NOS HACE ESPERAR | Dr. Charles Stanley

En el camino de la vida, las decisiones cruciales son como intersecciones que nos llaman a elegir qué camino tomar. Si nos apresuramos a actuar sin buscar saber qué piensa el Señor, el camino que tomemos puede dar lugar a remordimientos y sufrimientos. Aunque el Señor está listo y dispuesto a ofrecer dirección clara, Él no siempre la da con rapidez. Saber que Él tiene una buena razón para no dar su instrucción de inmediato, puede ayudarnos a esperar su dirección con paciencia.

A veces, Dios permite que estemos confundidos para llamar nuestra atención. Cuando todo está funcionando sin problemas, tendemos a olvidarnos del Señor. Pero la incertidumbre nos lleva de regreso a Él como si fuera un imán. Al alinear nuestros pasos con los suyos, y andar en sumisión al Espíritu Santo, abrimos nuestros oídos para escuchar su voz.

Nuestro período de espera es el tiempo de preparación de Dios. Para lograr sus propósitos soberanos, Él puede hacernos esperar mientras coordina los hechos para que coincidan con su voluntad. A veces, el Señor tiene que trabajar en nosotros antes de que estemos listos para encargarnos de lo que ha dispuesto para nuestro futuro. Además, la espera nos ayuda a crecer espiritualmente —si recibiéramos la dirección de Dios al instante, rara vez tendríamos la oportunidad de ejercitar nuestra fe. La madurez se hace evidente en la capacidad de esperar con confianza.

Si la impaciencia le hace adelantarse al tiempo del Señor, se arriesga a salir de su voluntad y a perder sus bendiciones. Pero si espera hasta que Él le dé dirección clara, usted andará en la paz de Dios con seguridad, en vez de estar dando vueltas con ansiedad y confusión.

Tuesday, November 10, 2015

LA GRACIA PARA SEGUIR ADELANTE | Dr. Charles Stanley

Cuando usted escucha hablar a alguien, ¿qué da peso a las palabras de esa persona? ¿Qué le hace escuchar lo que dice? Casi siempre, medimos el mensaje de una persona a la luz de su experiencia, rechazando las palabras que no concuerdan con la historia personal de quién habla.

Por consiguiente, cuando llegamos al argumento de Pablo en cuanto a la suficiencia de Dios, preguntamos: “¿Es esto algo de lo que Pablo puede realmente hablar?” Podemos leer la Biblia y ver por medio de la vida del apóstol que la respuesta es un rotundo sí.

El testimonio de Pablo describe las dificultades que enfrentó (2 Co 11.22-28). Fue encarcelado, golpeado, amenazado, apedreado, robado, sufrió naufragios y fue perseguido. Además, tenía un aguijón implacable que lo afligía (12.7, 8).

Uno pensaría que Dios mantiene a sus servidores en perfectas condiciones y con una salud inmejorable. Sin embargo, aquí vemos que, aunque Pablo oró pidiendo ser sanado, la respuesta de Dios no fue la esperada. En vez de recibir una magnífica y total sanidad, Pablo recibió una respuesta más profunda: “Bástate mi gracia” (v. 9).

Por medio de esa dificultad, Dios le enseñó a Pablo una lección vital: no importa lo débil que pensemos ser, o qué tan oprimidos o heridos estemos, en las manos de Dios, nuestra debilidad significa que hay espacio para su poder. Y es por medio de su poder —y solo por su poder— que somos capaces de hacer cosas asombrosas.