Friday, September 30, 2016

¿ Quien decís vosotros que soy yo? | Dr. Charles Stanley | 9/30/26

La pregunta se mantenía en el aire como una espesa niebla. Había un silencio absoluto. El pequeño grupo que estaba alrededor de Jesús miraba con estupefacción, demasiado asustados o inseguros para poder hablar. No sabían qué decir en respuesta a la pregunta del Señor: “¿Quién decís vosotros que soy yo?” (Mt 16.15).

Entonces, como si una mano invisible hubiera accionado un interruptor, dándole un discernimiento perfecto, Simón Pedro levantó su cabeza. Sostuvo la mirada de Jesús, y dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt 16.16). Pedro no se equivocó.

Llamar a Jesús “Cristo” e “Hijo de Dios” no era algo sin importancia en los tiempos bíblicos. Tal afirmación llevó a la muerte a muchos creyentes, ya que las autoridades judías y romanas perseguían a los cristianos que estaban dispuestos a dar la cara por su fe. Aun algunos que caminaban lado a lado con Jesús y que con emoción tomaban parte en su ministerio, a veces dudaban en llamarlo “Cristo”. Era un riesgo enorme. Por eso, a veces permanecían callados mientras seguían adelante con su trabajo en favor del reino.

¿No es interesante que la iglesia hoy tenga a menudo el mismo problema? Muchas personas se apresuran a exclamar: “¡Jesús es el Señor!”, pero luego no se ocupan de su obra.

¿Hay alguna disparidad entre lo que usted profesa con su boca, y lo que está haciendo para el reino de Dios? Jesús nos llama a ser íntegros en testimonio y en hechos. Si su confesión es “Jesús es el Señor”, entonces su vida debe reflejar su valiente posición. ¿Qué pudiera usted hacer hoy para mostrar su fe a otros?

Thursday, September 29, 2016

El valor de la obediencia | Dr. Charles Stanley | 9/29/16

A pesar de la vasta experiencia de Pedro como pescador, regresó de una noche de trabajo sin nada que mostrar por sus esfuerzos. Es muy posible que la petición del Señor de que echara las redes una vez más le pareciera poco razonable; después de todo, Pedro y sus compañeros eran los profesionales. No obstante, el pescador obedeció, y su obediencia bendijo a muchos.

La Biblia demuestra que los planes divinos a menudo desafían la lógica humana. Por ejemplo, ¿quién haría un plan de batalla que implicara solo marchar y gritar? Dios le dijo a Josué que conquistara Jericó de esa manera, y al hacerlo tuvo éxito (Jos 6.1-5).

Moisés es otro ejemplo. Cuando se sintió inseguro de su potencial como líder, el Señor lo tranquilizó de una manera insólita, diciéndole que arrojara su vara al suelo. Cuando Moisés obedeció, Dios confirmó de una manera admirable que lo había escogido como líder (Éx 4.1-3).

Nuestro Padre celestial puede pedirnos que hagamos algo que parece ilógico, como tal vez aceptar una mayor responsabilidad cuando teníamos la esperanza de reducir nuestra cantidad de trabajo; o dejar una posición que Él nos había dado recientemente; o asumir una tarea para la que nos sentimos poco capacitados. Pero debemos seguir adelante con obediencia, sin importar cuán ilógica pueda parecer su petición.

Para comprender la importancia de obedecer, piense en los niños que reciben instrucciones de sus padres o maestros. Es necesario que los escuchen con atención para hacer correctamente la tarea. Algunos pasos pueden parecer sin sentido, pero su justificación se hace clara después.

Wednesday, September 28, 2016

Simples actos de obediencia  | Dr. Charles Stanley | 9/28/16

Obedecer a Dios en las cosas pequeñas puede traer bendición a muchos. El pasaje de hoy ilustra este principio.

Simón Pedro, un pescador experimentado, había trabajado toda la noche sin pescar nada. Estaba en la playa terminando su trabajo cuando Jesús se le acercó. El Señor quería hablar desde su barca a la multitud que estaba en la orilla de la playa. A pesar de una larga e infructuosa noche de trabajo, Pedro aceptó que Jesús utilizara la embarcación. La multitud fue bendecida al ver y escuchar predicar a Cristo.

Las peticiones que Dios nos hace pueden llegarnos en momentos no oportunos o inesperados. Podemos sentirnos tentados a dejar que otra persona responda nuestro llamado, pensando que no importa quién sea el que obedezca. Pero recuerde que los planes de Dios son para nuestro bien (Jer 29.11).

Más tarde, Jesús hizo una segunda petición a Pedro: que dirigiera la barca a aguas más profundas, y que echara las redes. El pescador expresó las pocas probabilidades de pescar algo, pero hizo lo que Cristo le pidió. La obediencia de Pedro dio como resultado abundancia para la multitud, los demás pescadores, sus familias y él mismo.

Pedro no obedeció para ser recompensado, pero eso es precisamente lo que sucedió. Sus simples actos de obediencia llevaron a mayores oportunidades de servicio y de bendiciones abundantes.

Algunos actuamos como si la obediencia en las cosas pequeñas carecieran de importancia, pero la historia de Pedro nos enseña lo contrario. Comprometámonos a obedecer las instrucciones del Señor en todo, confiando en que toda obediencia será para nuestro bien.

Tuesday, September 27, 2016

Ir por el camino equivocado | Dr. Charles Stanley | 9/27/16

El Señor promete suplir nuestras necesidades, pero eso significa que lo hará a su tiempo y a su manera. Puede que existan tentaciones que nos hagan desear ir por el camino equivocado, por lo que hay que tener cuidado de no adelantarnos a Dios o seguir una ruta que nos aleje de Él.

Algunas personas creen que su seguridad descansa en cuentas bancarias, prestigio, otras personas o posesiones. Esto puede hacer que nos volvamos adictos al trabajo sacrificando nuestra relación familiar, o a participar en actividades poco éticas por el beneficio económico. Sin embargo, al confiar en la seguridad que tenemos en Cristo, podemos tener paz mental y emocional.

Otra manera poco saludable de satisfacer nuestras necesidades es buscando compañía fuera de los límites establecidos por Dios. Podemos encontrar alegría temporal en una relación inapropiada, pero al final, ese camino conducirá al dolor y la decepción.

El enemigo quiere que busquemos nuestra provisión sin considerar a Dios. Satanás engañó a Adán y Eva insinuando que el Señor estaba ocultándoles cierta información importante; sugirió que su forma de proceder, no la del Creador, podría hacerlos personas sabias. El primer hombre y la primera mujer cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y les costó muy caro. Cuando permitimos que la mentalidad incorrecta dirija nuestras acciones, nos metemos en serios problemas.

Es importante entender lo que hemos recibido mediante la relación con Jesús. Aprender a depender de Él nos ayudará a evitar ir por el camino equivocado para conseguir lo que necesitamos.

Monday, September 26, 2016

Dios satisface nuestras necesidades | Dr. Charles Stanley | 9/26/16

Nuestro Padre celestial ha prometido suplir todo lo que necesitamos. Consideremos algunas de las bendiciones que son nuestras en Cristo Jesús.

Una necesidad humana universal es el amor. A través de la fe en Jesús, hemos sido adoptados como hijos del Padre celestial. Pero antes de que esto pudiese llevarse a cabo, la justicia de Dios tenía que ser satisfecha. Todos hemos nacido con una naturaleza pecaminosa que nos separa del Señor. El Padre celestial, debido a su gran amor por nosotros, envió a Jesús a tomar nuestro lugar y a experimentar el juicio por nuestro pecado. Gracias a su profunda compasión por nosotros, Jesús sufrió y murió para que podamos llegar a formar parte de la familia de Dios y experimentemos su amor por nosotros (Jn 3.16). A través de nuestra relación con Él, esta necesidad de amor se satisface plenamente.

De hecho, por medio de la salvación, nuestro Padre también satisfizo otras dos necesidades básicas: compañía y seguridad. Cuando aceptamos el perdón de Dios, el Espíritu Santo viene a vivir dentro de nosotros, el cumplimiento de la promesa de Jesús nunca nos deja (He 13.5). Esta nueva relación es permanente. Lo que Jesús realizó en la cruz fue plenamente aceptado por Dios como pago por nuestra deuda de pecado. Por otra parte, el mismo Cristo prometió que nadie nos puede arrebatar de su mano (Jn 10.28). Por lo tanto, podemos descansar en el conocimiento de que somos hijos de Dios para siempre. Esa es la verdadera seguridad.

Nuestra profunda necesidad de amor, seguridad y compañía está satisfecha en una relación con el Señor.

Sunday, September 25, 2016

¿Qué es la vida cristiana? | Dr. Charles Stanley | 9/25/16

La vida cristiana es precisamente eso —vida, no un conjunto de reglas. Por desgracia, muchas iglesias predican un cristianismo de “haz esto” y “no hagas aquello”. Entonces la fe se ve como una ecuación matemática: La gracia salvadora de Jesús + hacer cosas buenas – hacer cosas malas=vida recta. La mayoría de las personas tiene suficientes problemas como para además preocuparse por seguir reglamentos que no se encuentran en la Biblia.

Esa ecuación en cuanto a la justificación que Dios da está en contra de la enseñanza bíblica. Jesús no solo condenó la religión autoritaria de los fariseos, sino que Él mismo ofreció dar libertad por medio de la gracia (Mt 23. 1-4; Jn 8.36). Ni guardar la ley de Dios por el esfuerzo propio, ni atenerse a reglas extras hace libre a la persona. Los creyentes legalistas viven esclavizados y se debilitan cada vez más.

Cuando una persona acepta la gracia salvadora de Jesucristo, recibe una vida nueva. (Vea Ro 6.4). Aunque sigue con su mismo cuerpo, su corazón y mente son transformados. Cristo vive a través de esa persona. El Espíritu Santo fluye en su espíritu, al igual que la savia fluye por las ramas de un árbol. ¡Es como recibir una transfusión de sangre espiritual! Donde antes había debilidad ahora hay fuerza. ¿Por qué confiar en nosotros cuando la valentía y el poder que necesitamos para obedecer a Dios están disponibles por medio de Cristo?

Sé lo que se siente cuando nos extenuamos tratando de ser buenos por nuestras propias fuerzas. Mi deseo es que usted rinda su vida al Señor. Ponga su fe en Él para experimentar el cambio que Dios hará. Jesús nunca se cansará de transformar su vida.

Monday, September 19, 2016

Las experiencias del creyente en el valle | Dr. Charles Stanley | 9/19/16

Las experiencias en el valle son aquellas en las que el dolor es tan grande, o el problema tan difícil, que nos resulta imposible soportarlos. Al igual que una ola de dos metros que se estrella contra la playa, las circunstancias amenazan con aplastarnos.

Para ser realistas, nosotros mismos somos los responsables de algunas de estas situaciones. Cuando decidimos desobedecer a Dios, podemos ir a parar a una situación dolorosa, empeorada por saber que nuestra relación con Él se ha enfriado (1 Jn 1.6). Otras veces, son las acciones de otros las que nos producen sufrimiento: quizás un despido inesperado del trabajo, una infidelidad conyugal o la traición de un ser querido. Pero también hay ocasiones en las que nuestro Padre celestial nos pone en el valle. Aunque Él puede evitarnos los problemas y el sufrimiento, prefiere no hacerlo. El Señor tiene un propósito en mente, que no se cumpliría si optamos por la salida fácil. Cualquiera que sea la fuente, las experiencias en el valle son inevitables.

El Salmo 23 utiliza cuatro palabras para referirse a ese tiempo: sombras, muerte, temor y mal. Estas palabras evocan imágenes de circunstancias abrumadoras, aflicción intensa, turbación profunda y gran adversidad. No hay manera de aligerar la prueba que está marcada por la fatiga emocional o física. Tanto la intensidad como la duración de la prueba son determinadas por la voluntad del Señor, pero Él va a nuestro lado y nos protege en medio de ella.

Dios promete que Él utilizará todo valle, aun aquellos hechos por nosotros, para bendecirnos (Ro 8.28). Nuestra parte es andar con firmeza, con la mirada firme en Él, el espíritu en armonía con su presencia, y la mente confiada en sus promesas.