Thursday, October 6, 2016

Una vida que consiste en llegar a ser | Dr. Charles Stanley | 10/6/16

El mayor obstáculo para entender el propósito de Dios cuando Él nos quebranta es que un gran número de cristianos piensa que tener fe en Cristo es algo que hacemos. Oramos, leemos la Biblia, vamos a la iglesia, ofrendamos. Hacemos y hacemos, creyendo que ésa es la vida cristiana.

Pero el verdadero cristianismo consiste en llegar a ser, en vez de hacer. La vida de fe que Dios ha dispuesto involucra recibir a Jesús en nuestros corazones, y permitirle que Él cambie los hábitos, la manera de pensar y las preocupaciones que tenemos, para llegar a ser más y más como Él.

Comprender esto cambiará nuestra perspectiva en cuanto a los dolores que debemos soportar. Cuando reconocemos que la vida cristiana es la obra permanente de Jesús de rehacer nuestra vida, el papel del quebrantamiento tiene más sentido. Es el proceso que Dios usa para apartarnos de las cosas que se han vuelto, o pueden llegar a volverse en un obstáculo para nuestro crecimiento. El Señor utiliza también este recurso para tratar asuntos que posiblemente hemos declarado “prohibidos” para Él, como conductas o relaciones poco saludables que justificamos.

Dios no quiere ser el Señor de la mayor parte de su vida, ¡Él quiere ser el Señor de toda su vida! Por tanto, se concentra en las áreas de rebeldía y de autosuficiencia para despojarnos de todo lo que nos impide confiar plenamente en Él. El Señor utiliza el quebrantamiento para eliminar esas inclinaciones, para que podamos vivir dependiendo de Él, día tras día.

Abra su corazón, y pídale al Señor que le muestre cualquier rastro de autosuficiencia en su vida.

Wednesday, October 5, 2016

El principio del quebrantamiento | Dr. Charles Stanley | 10/5/16

El quebrantamiento duele, y la mayoría de nosotros preferiría vivir sin dolor. Pero en esos momentos, el Señor hace su obra más grande en nuestra vida, transformándonos y reorientándonos conforme a sus propósitos divinos.

Jesús explicó muy bien en el pasaje de hoy el principio del quebrantamiento, al comparar nuestra vida con un grano de trigo. Si mantenemos la semilla en la mano no pasará nada, y si la depositamos solícitamente en una jarra sobre una repisa se quedará allí por tiempo indefinido. Protegido de esa manera, el grano no servirá en realidad para nada.

Pero si ese grano se pone en la tierra en la que perderá su capa protectora, sucederá algo sorprendente. Poco tiempo después saldrá un pequeño brote de la tierra, que comenzará a desarrollarse en algo diferente, útil y hermoso. Además, ese nuevo tallo producirá más granos que podrán ser plantados, y los nuevos tallos harán lo mismo. Es un maravilloso ciclo de vida en el que un solo grano puede producir innumerables tallos de trigo. Pero todo tiene que comenzar con el quebrantamiento de un grano.

Jesús no solamente habló de este ejemplo, sino que lo vivió. Al dar su vida en sacrificio, fue quebrantado y puesto en la tierra. A partir de ese quebrantamiento surgió nueva vida para nosotros. De ese “grano” han surgido innumerables nuevos creyentes, cada uno de ellos con una nueva vida.

¿Se siente usted quebrantado hoy? Si es así, recuerde el principio del grano que muere. Dios no le ha abandonado, sino que puede estar conduciéndole a una coyuntura en la que experimentará un nuevo nacimiento.

Tuesday, October 4, 2016

En busca del fruto | Dr. Charles Stanley | 10/4/16

Como creyentes, todos queremos tener el fruto del Espíritu, pero, ¿cómo podemos saber si en verdad lo tenemos? Incluso los no creyentes pueden exhibir ciertas cualidades propias del fruto del Espíritu en ciertos momentos. Este fruto, que tiene nueve manifestaciones, no es lo que hacemos, sino lo que somos, y básicamente salen a la luz cuando las circunstancias no son favorables. Dos características nos ayudan a reconocer estas cualidades en nuestra vida.

Los creyentes que dan fruto no son controlados por su entorno. Todos pasamos por pruebas y sufrimientos, pero quien tiene la llenura del Espíritu no pierde su fruto por sus circunstancias. Mantiene su gozo aun cuando las dificultades le abrumen. Si alguien le habla con dureza, responda con amabilidad. Puesto que el Espíritu Santo tiene el control, es libre para producir su fruto sin importar cuáles sean las circunstancias. A pesar de que estos creyentes pueden sentir dolor, enojo o deseo de venganza, optan por confiar en que el Señor les protegerá y dirigirá el resultado.

Los creyentes que dan fruto se recuperan rápidamente después de una caída. Estos creyentes no son perfectos, pero sí sensibles al fallo condenatorio del Espíritu, y se apresuran a volver al Señor en arrepentimiento. En realidad, están agradecidos por la corrección y alaban a Dios, no solo por haberles revelado su debilidad, sino también por haberlos traído de vuelta a la obediencia. Nadie produce estas asombrosas cualidades por sí solo. El empeñarse en ser buenos nunca funcionará. La transformación del carácter se produce cuando nos sometemos a Dios, dándole el control total de nuestra vida.

Monday, October 3, 2016

¿Qué es la vida llena del Espíritu? | Dr. Charles Stanley | 10/3/16

Aunque Dios quiere que todo creyente sea lleno del Espíritu, muchos no están seguros de lo que esto significa. Para ayudarnos a entender que todo lo que nos llena nos controla, Pablo cita la embriaguez como un ejemplo negativo de “llenura”, y nos dice que la evitemos. En todo creyente mora el Espíritu de Dios, pero el alcance de su señorío es determinado por la libertad del cristiano para obedecer.

Piense en esto como la decisión voluntaria de rendir su vida al control del Espíritu Santo; en otras palabras, de ser sensibles a su dirección y guía, de obedecer su impulso y depender de su poder. La evidencia del control del Espíritu se revela en el carácter de la persona. Quienes han rendido su vida a la dirección de Cristo están siendo transformados continuamente a su semejanza. El grado de sometimiento determinará el nivel de transformación.

Aunque las buenas obras y el servicio fiel son resultados de ser llenos del Espíritu, no son necesariamente señales de esto. Recordemos que estamos hablando de integridad, no de lo que hacemos. Es más fácil servir al Señor en alguna cosa, que amar a las personas poco amables, o ser pacientes con las difíciles. Pero cuando el Espíritu está en control de nuestra vida, Él hace a través de nosotros lo que no podemos hacer con nuestras propias fuerzas. Todo creyente decide quién gobernará su vida, ya sea por su activa entrega a Cristo, o por seguir a plena conciencia su propio camino. Incluso quienes tratan de evitar el asunto sin tomar ninguna decisión, optan de manera inconsciente por la independencia. La plenitud del Espíritu y el carácter piadoso son de quienes eligen a Dios antes que a sí mismos.

Saturday, October 1, 2016

La actividad de Dios | Dr. Charles Stanley | 10/1/16

Las huellas del Señor pueden detectarse a lo largo de la historia. A veces, su actividad es dramáticamente evidente, como cuando separó las aguas del mar Rojo, pero en otras ocasiones ella nos resulta imperceptible. Sin embargo, hay bendiciones para quienes desarrollan el discernimiento espiritual para ver lo que Dios está haciendo.

Las ideas preconcebidas acerca de cómo trabaja el Señor pueden impedirnos percibir su obra. Cuando Él responde nuestras oraciones, nos regocijamos y reconocemos fácilmente su intervención a favor nuestro. Pero, ¿qué pasa cuando no nos da lo que pedimos? Con frecuencia llegamos a la conclusión de que Él no está haciendo nada. El salmista reconoció que el Señor obra de varias maneras, a veces dando una gran liberación (Salmo 66.5, 6) y, otras, por medio de situaciones dolorosas (Salmo 66.10-12).

Otro problema que puede impedir que veamos la mano de Dios en nuestra vida es la falta de atención. Las exigencias de un estilo de vida agitado claman por nuestro tiempo y concentración, dejando poco espacio para momentos de quietud en su presencia. Sin períodos de meditación y oración, nuestro sentido espiritual se embota. Pero quien lee la Biblia con regularidad aprenderá a reconocer la actividad de Dios en su vida, porque Él actúa siempre de acuerdo con su Palabra. Los ojos enfocados en el Señor se abren a una nueva perspectiva. Su fe crecerá al comenzar a discernir la actividad de Dios en su vida. El gozo y la emoción de ver su participación en las cosas grandes y pequeñas, le motivará a alabarle y darle gracias, incluso en los momentos difíciles.

Friday, September 30, 2016

¿ Quien decís vosotros que soy yo? | Dr. Charles Stanley | 9/30/26

La pregunta se mantenía en el aire como una espesa niebla. Había un silencio absoluto. El pequeño grupo que estaba alrededor de Jesús miraba con estupefacción, demasiado asustados o inseguros para poder hablar. No sabían qué decir en respuesta a la pregunta del Señor: “¿Quién decís vosotros que soy yo?” (Mt 16.15).

Entonces, como si una mano invisible hubiera accionado un interruptor, dándole un discernimiento perfecto, Simón Pedro levantó su cabeza. Sostuvo la mirada de Jesús, y dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt 16.16). Pedro no se equivocó.

Llamar a Jesús “Cristo” e “Hijo de Dios” no era algo sin importancia en los tiempos bíblicos. Tal afirmación llevó a la muerte a muchos creyentes, ya que las autoridades judías y romanas perseguían a los cristianos que estaban dispuestos a dar la cara por su fe. Aun algunos que caminaban lado a lado con Jesús y que con emoción tomaban parte en su ministerio, a veces dudaban en llamarlo “Cristo”. Era un riesgo enorme. Por eso, a veces permanecían callados mientras seguían adelante con su trabajo en favor del reino.

¿No es interesante que la iglesia hoy tenga a menudo el mismo problema? Muchas personas se apresuran a exclamar: “¡Jesús es el Señor!”, pero luego no se ocupan de su obra.

¿Hay alguna disparidad entre lo que usted profesa con su boca, y lo que está haciendo para el reino de Dios? Jesús nos llama a ser íntegros en testimonio y en hechos. Si su confesión es “Jesús es el Señor”, entonces su vida debe reflejar su valiente posición. ¿Qué pudiera usted hacer hoy para mostrar su fe a otros?

Thursday, September 29, 2016

El valor de la obediencia | Dr. Charles Stanley | 9/29/16

A pesar de la vasta experiencia de Pedro como pescador, regresó de una noche de trabajo sin nada que mostrar por sus esfuerzos. Es muy posible que la petición del Señor de que echara las redes una vez más le pareciera poco razonable; después de todo, Pedro y sus compañeros eran los profesionales. No obstante, el pescador obedeció, y su obediencia bendijo a muchos.

La Biblia demuestra que los planes divinos a menudo desafían la lógica humana. Por ejemplo, ¿quién haría un plan de batalla que implicara solo marchar y gritar? Dios le dijo a Josué que conquistara Jericó de esa manera, y al hacerlo tuvo éxito (Jos 6.1-5).

Moisés es otro ejemplo. Cuando se sintió inseguro de su potencial como líder, el Señor lo tranquilizó de una manera insólita, diciéndole que arrojara su vara al suelo. Cuando Moisés obedeció, Dios confirmó de una manera admirable que lo había escogido como líder (Éx 4.1-3).

Nuestro Padre celestial puede pedirnos que hagamos algo que parece ilógico, como tal vez aceptar una mayor responsabilidad cuando teníamos la esperanza de reducir nuestra cantidad de trabajo; o dejar una posición que Él nos había dado recientemente; o asumir una tarea para la que nos sentimos poco capacitados. Pero debemos seguir adelante con obediencia, sin importar cuán ilógica pueda parecer su petición.

Para comprender la importancia de obedecer, piense en los niños que reciben instrucciones de sus padres o maestros. Es necesario que los escuchen con atención para hacer correctamente la tarea. Algunos pasos pueden parecer sin sentido, pero su justificación se hace clara después.