Monday, October 31, 2016

Nuestra obra de amor | Dr. Charles Stanley | 10/31/16

En el momento que ponemos nuestra fe en Cristo como Salvador personal nos convertimos en nuevas criaturas. Este es un acto de amor del Padre celestial; nos da una vida nueva y nos adopta en su familia. Él tiene, también, un plan hecho a la medida de cada creyente para que cada uno realice un trabajo específico.

Una vez que somos salvos, el resto de nuestros días son para cumplir los propósitos de Dios para nuestra vida. Estamos llamados a ser discípulos de Jesús, actuando en su nombre y trabajando celosamente para Dios, como lo hizo el Salvador. El mundo tiene hambre de las buenas nuevas que nosotros debemos darle.

La redención es un regalo de Dios (Ef 2. 8, 9). La salvación es por gracia, no por gracia más obras. Pero una vez que somos salvos, Dios quiere que hagamos buenas obras; y el Espíritu Santo lleva a cabo los planes de Jesús por medio de sus seguidores.

Dios se ha comprometido a guiar y equipar a los creyentes. No importa lo que el Señor nos llame a hacer, Él nos dará las capacidades y los recursos necesarios. Su Espíritu Santo nos enseñará todo lo que necesitemos saber. El Señor espera que nuestro servicio a Él sea lo prioritario, y que usemos nuestro tiempo, capacidades y recursos para Él. La edad no nos descalifica para su servicio, y nunca hay un tiempo para la jubilación espiritual.

Mientras estemos viviendo en este mundo, nuestro estilo de vida debe ser de servicio fiel y entusiasta a la causa de Cristo. Permita que el trabajo que hace para Dios sea una genuina obra de amor.

Saturday, October 29, 2016

Características de un espíritu generoso | Dr. Charles Stanley | 10/29/16

Cuando nos enteramos de una necesidad, podemos sentir el deseo de dar, pero entonces nuestra cuenta bancaria nos convence que hacerlo no es posible. Aunque entendemos que la generosidad debe caracterizar a los creyentes, a veces parece que la única manera de ser generosos es siendo ricos.

Los cristianos de Macedonia demostraron que no es así. Pablo los utilizó como un modelo de generosidad, y eso motivó a los corintios a cumplir su promesa de dar para la iglesia en Jerusalén. Por el ejemplo de las iglesias de Macedonia en la lectura de hoy, vemos lo que caracteriza un espíritu generoso.

Una persona generosa es sensible a las necesidades de los demás. Aunque los creyentes de Macedonia tenían grandes pruebas de tribulación, eso no les impedía sentir compasión por las necesidades de sus hermanos en Cristo (2 Corintios 8.2).

Un espíritu generoso ve las necesidades como oportunidades. Lejos de tenerle miedo a las necesidades, ellos, en realidad, le rogaron a Pablo que les permitieran ayudar a los creyentes de Jerusalén (2 Corintios 8.4).

La liberalidad fluye de una vida rendida a Dios. Antes de dar, estos creyentes se dieron primeramente al Señor en obediencia a su voluntad (2 Corintios 8.5).

La generosidad no es una emoción sino una decisión. La iglesia en Corinto fue movida también a contribuir, pero descubrieron lo mismo que nosotros —que “querer” dar no es lo mismo que “cumplir” en hacerlo (2 Corintios 8.11).

Un espíritu generoso no tiene nada que ver con la cantidad de dinero que tengamos, sino de cuánto de nosotros tiene el Señor. Cuando estamos totalmente rendidos a Él, nos da la gracia que necesitamos para compartir lo que tenemos —ya sea tiempo, dones o dinero.

Friday, October 28, 2016

Nuestro generoso Proveedor | Dr. Charles Stanley | 10/28/16

La generosidad es un término que solemos asociar con las personas, pero, ¿ha pensado usted alguna vez cuán generoso es el Señor? Primero, Él creó la Tierra y todo lo que hay en ella para la humanidad. Hizo el sol para iluminar y hacer crecer la vegetación. Y además, envía la lluvia para regar la tierra y saciar nuestra sed. El Señor ha dispuesto todo con abundancia para suplir nuestras necesidades físicas.

Esto por sí solo debería hacer que nos asombremos por su amor y cuidado por nosotros, pero su generosidad no termina con las necesidades físicas. También ha provisto para nuestras necesidades espirituales por medio de su Hijo. Como resultado de la muerte de Jesús en la cruz por nuestros pecados, los que creemos en Él hemos sido reconciliados con Dios y recibido un caudal de bendiciones espirituales. Tenemos su Palabra que nos guía, su Espíritu que nos da poder y nos transforma a la imagen de Cristo, y su iglesia para alentarnos y apoyarnos. Pero su generosidad no termina allí.

El Señor también nos ha prometido una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible en los cielos (1 P 1.4). Todo lo que Él ha preparado para nosotros está más allá de nuestra comprensión humana, pero Apocalipsis 21—22 describen el nuevo cielo y la nueva tierra como lugares de abundancia y bendición, no contaminados por el pecado y la muerte.

A la luz de todo lo que el Señor ha provisto y prometido con tanta abundancia, la gratitud debe ser nuestra primera reacción. Además, ya que somos su pueblo, estamos llamados a andar en su Espíritu; y ser generosos. Eso significa atender no solo necesidades físicas, sino también espirituales, anunciando el evangelio y alentando a los hermanos en Cristo.

Thursday, October 27, 2016

El llamado de Dios al arrepentimiento | Dr. Charles Stanley | 10/27/16

En la parábola del hijo pródigo, el hermano menor pidió recibir su herencia antes de tiempo para poder vivir como quería. Después que el Padre le dio su parte, tomó muchas decisiones imprudentes que lo llevaron al hambre y a la indigencia. Lo que pasó después ilustra el principio del arrepentimiento según Dios.

Después de despilfarrar todo su dinero, el joven se encontró alimentando puercos, uno de los trabajos más bajos. Un día volvió a sus cabales y reconoció su terrible situación. Su arrepentimiento comenzó con la conciencia de que había pecado contra Dios (Lucas 15.18) y que la situación que vivía era consecuencia de sus propios actos.

Al reconocer su conducta pecaminosa, declaró que ya no era digno de ser llamado hijo de su padre. Su sincero arrepentimiento y su confesión llevaron al joven a dejar todo y regresar a su casa. Su arrepentimiento fue total cuando se volvió de sus viejos caminos y regresó a su padre. El Señor nos llama, del mismo modo, a arrepentirnos y volver a Él.

¡Qué gran bienvenida recibió el hijo pródigo! Después de verlo, el padre se llenó de compasión y corrió a abrazarlo. El hijo recibió perdón y aceptación, dos bendiciones que Dios ofrece a todo aquel que le pida.

El hijo pródigo no se limpió antes de volver al hogar. Simplemente dejó su vieja vida, regresó a casa y confió en la misericordia de su padre. También el Señor nos llama a arrepentirnos, y nos ofrece perdón cuando nos apartamos de nuestros caminos, y buscamos la santidad (1 Jn 1.9).

Wednesday, October 26, 2016

El arrepentimiento genuino | Dr. Charles Stanley | 10/26/16

Porque deseamos ser más como Jesús, tomamos resoluciones, le pedimos ayuda y tratamos de actuar de otra forma. Pero, a pesar de nuestros mejores esfuerzos para obedecer a Dios, caemos de nuevo en los hábitos viejos. Frustrados, es posible que le preguntemos: “¿Por qué no puedo cambiar?”.

Es porque vencer las actitudes y las conductas pecaminosas comienza con el arrepentimiento genuino, lo cual tiene tres aspectos.

Convicción. El Espíritu Santo nos revelará nuestras faltas, y nos convencerá de pecado. El arrepentimiento comienza con comprender en qué cosas nos hemos descarriado.

Contrición. La tristeza genuina surge del reconocimiento de que hemos pecado contra Dios. La infelicidad humana tiene su origen, por lo general, cuando somos sorprendidos haciendo lo malo. Otras veces, nos sentimos desdichados debido a dónde nos han llevado nuestras decisiones, o por la vergüenza de lo que dirán los demás. La contrición verdadera es seguida por la confesión humilde.

Compromiso. El arrepentimiento genuino es total cuando nos comprometemos de todo corazón a apartarnos de nuestra vieja conducta, y tratar de vivir rectamente. Dios sabe que no viviremos perfectamente; lo que Él busca es un corazón rendido que quiera obedecerle.

Pablo utilizó palabras fuertes cuando habló de apartarnos de la iniquidad: “Haced morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal” (Col 3.5 NVI). ¿Está usted arrepentido de verdad, y comprometido a dejar ese pecado de forma permanente? El Espíritu Santo le dará el poder para cambiar.

Tuesday, October 25, 2016

La carga de pecado | Dr. Charles Stanley | 10/25/16

Las cargas que llevamos vienen en todas formas, tamaños y variedades. Muchas son pesadas, pero hay una carga que es aun más pesada, y que se remonta al huerto del Edén.

Desde que Adán y Eva comieron la fruta prohibida (Gn 3.6), todas las personas han nacido con un corazón pecaminoso. La santidad y el pecado no pueden mezclarse. Por tanto, en nuestro estado natural, ninguno de nosotros es capaz de tener comunión con Dios.

Peor aún, seguimos haciendo lo malo. La Biblia dice que cada uno de nosotros se ha desviado, como una oveja descarriada de su pastor (Is 53.6). Así que, por sí misma, ninguna persona tiene acceso a Dios. Y no hay nada que nosotros, como seres humanos caídos podamos hacer para remediar la situación. Esta es la carga más pesada.

Pero nuestro Creador nos amó tanto que envió a su Hijo para vivir sin pecar. Jesús tenía perfecta comunión con el Padre, pero tomó nuestro pecado y castigo, muriendo en la cruz en lugar nuestro. Y luego venció a la muerte al levantarse para vivir de nuevo.

Su expiación por nuestros pecados es un regalo que está disponible para todo aquel que crea. Él desea que nos veamos libres de la carga del pecado que hay en nuestro corazón. Solo entonces experimentaremos vida y libertad verdaderas.

¿Ha recibido usted el regalo de la salvación de Dios? Jesús le ama tanto, que dio su vida para relacionarse con usted. Si pone su fe en Cristo y acepta su muerte como la expiación por el pecado que usted ha cometido, Él le perdonará toda su maldad y le dará la bienvenida a la senda de la vida verdadera.

Saturday, October 22, 2016

Un corazón agradable a Dios | Dr. Charles Stanley | 10/22/2016

El Señor promete concedernos los deseos de nuestro corazón, pero muchas personas toman este pasaje fuera de contexto, olvidando que su manera de pensar tiene una parte vital en hacer que se cumplan. Como dijo mi madre una vez: “Donde vaya tu mente, irán tus pies; por tanto, ten cuidado con lo que piensas”.

¿Cuál es su responsabilidad cuando se trata de pedirle algo a Dios?

Deléitese en el Señor (Salmo 37.4). Los cristianos deben regocijarse en Dios y andar en obediencia. El Señor debe ocupar el primer lugar en su vida antes de poder pedir que la promesa de este versículo se haga realidad en su vida.

Encomiende su camino al Señor (Salmo 37.5). Permita que Dios cambie cualquier aspecto de su deseo que no sea la voluntad de Él. Recuerde que cuando Él no responde una oración como usted desea es por alguna razón.

Confíe en Él (Salmo 37.5). Dios es misericordioso, omnisciente, benigno y generoso. Puede confiarle sus esperanzas y sus sueños.

Descanse en Él (Salmo 37.7). Confíe en que responderá sus oraciones en su tiempo, o que transformará sus aspiraciones para conformarlas a la voluntad de Él.

Espere en el Señor con paciencia (Salmo 37.7). Jesús esperó treinta años antes de comenzar su ministerio de tres años en la Tierra. De acuerdo con su ejemplo, esperar es uno de los principios clave de la vida cristiana.

¿Están alineados sus deseos con el propósito y el plan de Dios para su vida? Él anhela dar a sus seguidores bendiciones abundantes y plenitud de gozo. Por tanto, deje que sus sueños se conformen a la voluntad del Señor. Solo si se rinde a Él experimentará lo mejor que Él tiene para su vida.