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Wednesday, October 1, 2014

CUANDO ACEPTAMOS LA INVITACION DE DIOS | DR. CHARLES STANLEY

Cuando aceptamos la invitación de Dios

Leer | Lucas 5:1-11

Las peticiones sencillas de Dios son, a menudo, peldaños que conducen a mayores bendiciones en la vida. Cuando Simón Pedro aceptó la invitación de Jesús, cambió de ser un pescador de peces a ser un pescador de hombres.

Una noche improductiva de trabajo había dejado agotado a Pedro, sin duda alguna. Sin embargo, le permitió al Señor Jesús subir a su embarcación para que le hablara a la multitud. Cuando el Señor terminó de hablar, le pidió al veterano pescador que se dirigiera a aguas más profundas. Pedro sabía que la hora no era buena para pescar, pero obedeció y fue bendecido, no con una, sino con dos barcadas de peces.

A menudo, las bendiciones de Dios son resultado de obedecer peticiones que parecen ilógicas. Aunque preferimos que nos pida realizar algo grande para impactar multitudes, la obediencia en lo pequeño es nuestro mayor logro. Si desobedecemos el llamado a cumplir con alguna acción menor, ¿qué razón tendrá para confiarnos mayores responsabilidades?

Si Pedro se hubiera negado a prestar su embarcación al Señor o a salir a pescar, habría perdido la bendición inmediata de tener una gran pesca, y quizás también la oportunidad de ser un discípulo de Jesús. Al caminar con el Señor durante tres años, Pedro fue testigo de milagros más espectaculares que aquella gran pesca: Un ciego recuperó la vista; Lázaro fue resucitado; y ante la petición del Señor Jesús, el mismo Pedro caminó sobre las aguas. Es decir, todo eso fue resultado de aceptar el  llamado del Señor cada vez que Él le pidió que hiciera algo aparentemente pequeño.

Tuesday, August 19, 2014

EL RIESGO DE OBEDECER A DIOS | DR. CHARLES STANLEY

El riesgo de obedecer a Dios

Leer | Lucas 5:1-11

Nadie podría haber sido más sorprendido por la orden del Maestro que Pedro. Después de trabajar arduamente toda la noche, ni él ni los otros pescadores tenían el fruto de sus esfuerzos. Estaban cansados y desanimados; la última cosa que querían hacer era lanzar otra vez las redes en otro intento inútil por atrapar unos pocos peces. ¿Qué podía estar pensando Jesús? ¿Qué propósito podía haber tenido al pedirles que salieran a pescar otra vez?

Poco tiempo después, cuando las abultadas redes eran arrastradas a la playa, estos hombres comenzaron a entender un principio eterno del que muchas personas no se han dado cuenta todavía: Dios nunca nos pedirá que hagamos algo, a menos que tenga un propósito específico y soberano para ello (Jer 29.11). La orden de Jesús debió haberles parecido innecesaria, por no decir disparatada. Después de todo, estos hombres eran expertos en la pesca; sin embargo, todavía les faltaba aprender que sin la intervención sobrenatural de Dios todopoderoso, nuestro esfuerzo es en vano.

Pedro y sus hombres nunca podrían haber imaginado qué clase de recompensa les esperaba por su obediencia. Lo que buscaban y deseaban más que nada era precisamente lo que Dios le dio: redes repletas de peces. La diferencia era que la segunda salida a pescar fue hecha a la manera de Dios y en el tiempo de Dios.

Por tanto, confíe en los planes de Dios para usted. Nunca conocerá la recompensa hasta que esté dispuesto a correr el riesgo, cuanto mayor es el riesgo, mayor es la recompensa.