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Monday, September 19, 2016

Las experiencias del creyente en el valle | Dr. Charles Stanley | 9/19/16

Las experiencias en el valle son aquellas en las que el dolor es tan grande, o el problema tan difícil, que nos resulta imposible soportarlos. Al igual que una ola de dos metros que se estrella contra la playa, las circunstancias amenazan con aplastarnos.

Para ser realistas, nosotros mismos somos los responsables de algunas de estas situaciones. Cuando decidimos desobedecer a Dios, podemos ir a parar a una situación dolorosa, empeorada por saber que nuestra relación con Él se ha enfriado (1 Jn 1.6). Otras veces, son las acciones de otros las que nos producen sufrimiento: quizás un despido inesperado del trabajo, una infidelidad conyugal o la traición de un ser querido. Pero también hay ocasiones en las que nuestro Padre celestial nos pone en el valle. Aunque Él puede evitarnos los problemas y el sufrimiento, prefiere no hacerlo. El Señor tiene un propósito en mente, que no se cumpliría si optamos por la salida fácil. Cualquiera que sea la fuente, las experiencias en el valle son inevitables.

El Salmo 23 utiliza cuatro palabras para referirse a ese tiempo: sombras, muerte, temor y mal. Estas palabras evocan imágenes de circunstancias abrumadoras, aflicción intensa, turbación profunda y gran adversidad. No hay manera de aligerar la prueba que está marcada por la fatiga emocional o física. Tanto la intensidad como la duración de la prueba son determinadas por la voluntad del Señor, pero Él va a nuestro lado y nos protege en medio de ella.

Dios promete que Él utilizará todo valle, aun aquellos hechos por nosotros, para bendecirnos (Ro 8.28). Nuestra parte es andar con firmeza, con la mirada firme en Él, el espíritu en armonía con su presencia, y la mente confiada en sus promesas.

Friday, June 5, 2015

EL BUEN PASTOR | Dr. Charles Stanley

Así como un pastor conoce a sus ovejas, Dios le conoce a usted.

Leer | Salmo 23

5 de junio de 2015

Muchas veces, Dios es retratado en las Sagradas Escrituras de una manera fácil de entender para nosotros. Uno de los pasajes más conocidos y favoritos de la Biblia es el Salmo 23, que comienza así: “Jehová es mi pastor; nada me faltará”. Aquí, David ofrece una emotiva y conmovedora imagen de Dios, describiéndole como un pastor de ovejas.

En la antigüedad, los pastores tenían una relación especial con sus rebaños. Pasaban el día con los animales, los guiaban por el camino, los protegían de peligros y metían en el corral a los que vagaban. Para las ovejas, el pastor era un compañero constante, hasta el punto de que los animales realmente llegaban a reconocer su voz y, por tanto, a responder solamente a su llamado.

En el Salmo 23, David reconoce su posición como la de una oveja bajo la dirección del Gran Pastor. Como tal, se regocija porque él es parte del “rebaño” del Señor, y por ser Dios un Guía tan tierno y misericordioso.

Por la seguridad que tenía de la protección y la guía del Señor, David fue capaz de exclamar categóricamente: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (v. 4). Esta es verdaderamente una declaración admirable porque revela que, aunque David estaba consciente de que iba a enfrentar tiempos difíciles, podía descansar en la confianza de que Dios lo sacaría adelante en la prueba.

Así como un pastor conoce a sus ovejas, Dios le conoce a usted. Dele gracias hoy porque le permite apacentarse en el prado de sus bendiciones.