Wednesday, March 27, 2013

MEDICIONES SIN VALOR


MEDICIONES SIN VALOR             Marzo 27
Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos y comparándose consigo mismos, carecen de entendimiento.   2 Corintios 10.12 (LBLA)
En cierta ocasión, Jesús contó una parábola que, dice el evangelista, estaba destinada a las personas que confiaban en sí mismas como justas (Lc 18.9). En esa oportunidad, habló de un fariseo que, puesto en pie, oraba para sí de esta manera: «Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres…» Sin avanzar en la lectura del pasaje, ya detectamos algo errado en el planteo que hace este fariseo.
A sus ojos, lo que lo justificaba, era su propia conducta que, comparada a la de otros hombres, parecía ser excesivamente piadosa. Existen, sin embargo, dos errores fatales en su análisis. El primero es que la evaluación de su propia vida la realiza él mismo. Desconoce el principio que ningún hombre es capaz de conocer acertadamente la realidad de su propia vida. El salmista exclama: «¿Quién puede discernir sus propios errores?» (Sal 19.12). La respuesta está implícita en la pregunta: ¡nadie!
El segundo error está en compararse con otros hombres. Esto es algo muy propio de la cultura que nos rodea, un hábito que nos ha sido enseñado de muy pequeños. Nacimos compitiendo con nuestros hermanos, fuimos introducidos en un sistema educativo que perpetuó el sistema de competencia, y luego salimos a un mercado laboral donde la competencia pareciera un elemento indispensable para sobrevivir. Para poder avanzar en cada etapa creímos necesario saber continuamente cómo se comparaba nuestra vida con la de los demás.
El problema principal con la comparación es que nosotros escogemos con quien compararnos. Inevitablemente, las comparaciones las realizamos con aquellas personas que más favorablemente nos van a dejar parados. Para ver si somos generosos, nos comparamos con los que nunca dan. Para saber si somos pobres, nos comparamos con los que más tienen. Para ver si somos trabajadores, nos comparamos con los más holgazanes. De esta manera, las comparaciones nunca nos dejan un cuadro acertado del verdadero estado de nuestra vida.
Pablo afirma que los que han caído en comparaciones, carecen de entendimiento. La obra de cada uno tendrá que ser evaluada sola, sin más puntos de referencia que los parámetros eternos establecidos por Dios mismo. En el momento en que nos presentemos delante de su trono, no podremos señalar las debilidades de los demás para que nuestras propias flaquezas no parezcan tan importantes.
Es importante, entonces, que nosotros no seamos los protagonistas de nuestra propia aprobación, sino que permitamos que Otro haga una evaluación más acertada de nuestra persona.
Para pensar:
Pablo termina este pasaje con palabras que deben conducirnos hacia la reflexión: «Pero el que se gloría, gloríese en el Señor. No es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el Señor alaba» (2 Co 10.17–18). ¡Vivamos de tal manera que el Señor mismo sea el que nos alaba!





Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

Monday, March 25, 2013

LLAMADOS A BENDECIR


LLAMADOS A BENDECIR  Marzo 25
De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.  Juan 3.16
Quiero invitarle a que haga un pequeño ejercicio conmigo. Vamos a tomarnos, por un momento, el atrevimiento de acortar este versículo, de modo que al leerlo diga: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio». Lea dos o tres veces esa frase y sienta como la palabra «dio» comienza a cobrar fuerza.
Si deja que la frase vaya penetrando en su mente y corazón, comenzará a notar que está en contraposición a lo que es nuestra idea del amor. En la definición moderna del amor, el concepto de dar no es muy prominente. Al contrario, pensamos casi exclusivamente en lo que los otros tienen que darnos a nosotros. El término «amor», en sí, es casi un sinónimo de la palabra «sentimiento». Por esta razón, cuando ya no hay sentimientos decimos que ya no existe el amor.
Este concepto rara vez sufre modificaciones en nuestra vida espiritual. De esta manera, moverse en el amor de Dios no significa más que vivir buscando que él nos diga cosas lindas y afirme lo mucho que nos ama. Va acompañado de la posibilidad de presentar delante de él una lista interminable de pedidos que, de ser concedidos, nos beneficiarán casi exclusivamente a nosotros. En resumen, seguimos siendo casi iguales a lo que éramos antes de convertirnos.
La profundidad de nuestro egocentrismo lo vi ilustrado en el testimonio de una señora que contó que unos ladrones habían entrado en la casa de sus vecinos, llevándose todo lo que esta pobre gente tenía. La razón por la cual esta mujer quería dar gracias era «porque a mi no me llevaron nada. ¡Gloria a Dios!» ¿Qué clase de cristianismo es este que, lejos de pensar en la posibilidad de bendecir al que fue tocado por la desgracia, me lleva a regocijarme porque yo salí ileso de la situación?
Lea otra vez nuestra versión adaptada de Juan 3.16: «De tal manera amó Dios al mundo, que dio». ¿Llega usted a distinguir la diferencia en el enfoque? El acento está en el dar. Se nos presenta un cuadro en el cual el amor se traduce en acción por los demás. Esta clase de amor no espera, toma la iniciativa. No demanda, sino que se entrega. No se concentra en el beneficio, sino que se sacrifica. ¡Qué diferencia con lo que nosotros llamamos amor!
¿Cómo hemos de seguir a este Dios, sin contagiarnos de la misma actitud? La verdadera manifestación de una obra profunda del Espíritu en nuestras vidas tiene que producir un deseo incontenible de bendecir a los demás. La vida espiritual nos lleva a sacar los ojos de lo nuestro, para empezar a fijarnos en las personas que necesitan desesperadamente el amor de Dios.
Para pensar:
El gran evangelista Dwight Moody alguna vez dijo: «Un hombre puede ser un buen médico sin amar a sus pacientes; un buen abogado sin amar a sus clientes; un buen geólogo sin amar la ciencia; pero nunca podrá ser un buen cristiano si no tiene amor».



Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

Thursday, March 21, 2013

SERVICIO SIN PREFERENCIAS


SERVICIO SIN PREFERENCIAS         Marzo 21
Luego puso agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido.   Juan 13.5
Quizás en algún momento de su vida usted se ha sentido avergonzado por algún acto de servicio por parte de alguna persona cercana a usted. Se sentía avergonzado porque usted consideraba que no era digno de lo que estaba recibiendo. Si este es su caso, podrá entender cómo se habrán sentido los discípulos en el momento en que Jesús se inclinó y comenzó a lavarles los pies. Imagine lo incómodos que se habrán sentido al ver al Maestro realizando un servicio que normalmente estaba en manos del más despreciado miembro de la casa, el sirviente. Una vez más, Cristo los descolocaba con comportamientos absolutamente diferentes a los parámetros conocidos en la época.
No es en este acto, sin embargo, que me quiero detener. La reflexión de hoy gira alrededor de algo que está implícito en el texto. Cristo ya sabía quién era el que lo iba a traicionar. Sin embargo, al lavarle los pies a los discípulos, Juan no nos dice que salteó a Judas. Con el mismo cariño y la misma ternura, le lavó los pies a cada uno de sus discípulos, incluyendo al que lo iba a traicionar.
Es en este gesto que vemos la más profunda expresión del amor del Hijo de Dios. Nos cuesta amar y servir a las personas que no nos caen bien. Amar y servir a los que nos hacen mal, es una sublime expresión del poder que tiene la gracia de Dios para derretir sentimientos de rencor o amargura hacia nuestros enemigos.
En este gesto Cristo ilustraba los parámetros establecidos por la Palabra de Dios para toda manifestación de amor. Él mismo había enseñado: «Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos» (Mt 5.44–45). Su acto de servicio revela la verdadera dimensión del compromiso con las personas que estaba formando.
Existe entonces, en esta escena, un principio importante para nuestras vidas como líderes. En la mayoría de las congregaciones siempre hay un grupo de personas que se resisten a nuestro ministerio. Una de las mejores maneras de asegurarnos que sus actitudes no produzcan profundos sentimientos de amargura en nosotros es escogiendo el camino del amor, expresado en gestos de servicio hacia ellos. Es posible que nuestro servicio no modifique sus actitudes. No obstante, una cosa es segura: será imposible para nosotros seguir albergando en nuestros corazones sentimientos de odio o rencor hacia estas personas. El servicio que realizamos irá purificando nuestro espíritu y limpiando toda impureza, para que pueda habitar plenamente en nosotros el amor de Dios. Bendiga a los que le hacen mal, y observe cómo la gracia de Dios se manifiesta poderosamente en su propia vida.
Para pensar:
«Así que, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber, pues haciendo esto, harás que le arda la cara de vergüenza» (Ro 12.21).



Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

Wednesday, March 20, 2013

LA PRÁCTICA DEL SERVICIO


LA PRÁCTICA DEL SERVICIO            Marzo 20
Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote hijo de Simón que lo entregara, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena, se quitó su manto y, tomando una toalla, se la ciñó.   Juan 13.2–4
Hemos estado observando algunos detalles acerca del contexto de esta escena en la vida de los discípulos, el momento en que Cristo les lavó los pies a los discípulos. En el pasaje de hoy queremos concentrarnos en dos detalles adicionales.
En primer lugar queremos notar el grado de madurez que demuestra el gesto de Cristo. El paso necesario antes de realizar un acto de servicio hacia el prójimo es identificar la necesidad del otro. Cuando éramos niños, era necesario que nuestros mayores no solamente nos indicaran dónde existía una necesidad de servicio, sino que también nos obligaran a realizarla, porque nuestra perspectiva de la vida no incluía conciencia de servicio. Algunas personas nunca pasan más allá de esta etapa y, aun de adultos, no sirven a menos que otros los presionen para hacerlo. Pero los que han avanzado hacia un mayor grado de madurez, responden con gozo frente a la invitación de servir al prójimo, porque han entendido que este es uno de los privilegios que se le ha concedido a los que son de Cristo.
Existe, sin embargo, un tercer nivel de servicio. En este nivel no hace falta que otros nos indiquen las oportunidades para servir, ni tampoco que otros nos inviten a hacerlo. En este nivel vemos la necesidad de servicio antes que el otro diga algo. Cuando transitamos por los lugares donde desarrollamos nuestra vida cotidiana, estamos atentos a las oportunidades que se nos presentan en cada lugar. Cristo vio la necesidad de lavar los pies, e hizo algo al respecto.
Es esta segunda acción que queremos resaltar. Nadie puede servir a su prójimo desde la comodidad de un sillón. Tampoco es posible experimentar el gozo del servicio si uno se mantiene en la teoría de lo que es disponerse a suplir la necesidad del prójimo. El servicio no es tal hasta que se convierte en acciones concretas hacia los demás. Por esta razón, Cristo se levantó de la mesa, se quitó el manto, se ciño una toalla y, tomando agua, comenzó a lavarle los pies a los discípulos. Esta serie de acciones concretas son las que convirtieron su deseo de servir en realidad.
El servicio es una parte importante de nuestro rol como líderes. Para cultivar este aspecto de nuestra vida, necesitamos pedirle a nuestro Padre celestial que abra nuestros ojos a las oportunidades que existen a nuestro alrededor, y también que nos movilice a hacer algo al respecto.
Para pensar:
¿Qué señales le alertan de que otra persona necesita de su servicio? ¿Cómo puede enseñarle sensibilidad a sus seguidores? ¿Qué actitudes son importantes para dar un buen ejemplo en el servicio?



Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

Tuesday, March 19, 2013

OPORTUNIDADES ORDINARIAS


OPORTUNIDADES ORDINARIAS           Marzo 19
Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote hijo de Simón que lo entregara, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena, se quitó su manto y, tomando una toalla, se la ciñó.   Juan 13.2–4
Creo que todos nosotros tenemos algo de heroico en nuestro ser. En situaciones de crisis o de extrema necesidad, salimos al frente y servimos a nuestro prójimo. Recuerdo una situación personal, en la cual tuve que salir con una fuerte tormenta a buscar un medicamento para una persona que lo necesitaba con urgencia. Tomando mi bicicleta, pedaleé unos kilómetros bajo la lluvia torrencial para adquirir el medicamento necesario. ¡Encontramos en este tipo de situaciones hasta ciertos matices románticos!
Nuestra vocación de siervos cambia, sin embargo, cuando estamos dentro de una escena netamente doméstica. Allí, nadie nos va a aplaudir, ni vamos a ser vitoreados por nuestros actos de servicio. Lo que hacemos simplemente forma parte del quehacer de todos los días. Es precisamente por la ausencia de alguna recompensa que nos cuesta tanto servir a los demás.
Cristo se levantó durante la cena. Seguramente todos los discípulos habían notado que nadie les había lavado los pies cuando llegaron a la casa. Quizás se sentirían sucios e incómodos con los pies llenos de polvo y sudor. El Hijo de Dios fue el único que hizo algo al respecto.
En nuestra cultura latinoamericana, ¡cuán importante es para nosotros el momento en que nos sentamos a comer! Una vez que nos acomodamos en la mesa, ninguno quiere levantarse para buscar la sal, o traer algún otro elemento que falte en la mesa. Preferimos comer sin sal, ¡que levantarnos a buscar el salero!
El hogar, no obstante, ofrece las mejores oportunidades para servir. Abundan a cada instante. Y no solamente esto, sino que también es el lugar donde más podemos aprender acerca de lo que significa ser un siervo. Dentro del ambiente del hogar nadie nos va a dar una medalla por servir a nuestra familia. Tendremos que aprender lo que es servir, en situaciones donde el agradecimiento de los demás está implícito, pues no se expresa. Deberemos escoger el servicio cuando francamente nos gustaría más descansar o estar haciendo algo diferente. Tendremos también que aprender a ver las necesidades de los demás, sin que se nos pida que sirvamos.
Los beneficios de servir en estas situaciones son innumerables, y nuestro crecimiento personal será marcado a medida que respondemos a estas oportunidades. En nuestra tarea de formar a otros, tendremos también que mostrar el camino a transitar con nuestro propio ejemplo. Seguramente muchos nos estarán observando en estas situaciones, que tan poco «espirituales» nos parecen. Las más increíbles lecciones, sin embargo, pueden ser enseñadas desde este lugar.
Para pensar:
«La medida de la grandeza de una persona no está en el número de personas que lo sirven, si no en el número de personas a quienes sirve». P. Moody.



Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

Thursday, March 14, 2013

USANDO BIEN LO QUE HEMOS RECIBIDO

 USANDO BIEN LO QUE HEMOS RECIBIDO   Marzo 14

Entonces el espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre. Cuando se te hayan cumplido estas señales, haz lo que te parezca bien, porque Dios está contigo.   1 Samuel 10.6–7
¿A quién de nosotros no le gustaría escuchar sobre nuestras vidas estas palabras? ¿Quién podrá detener a un hombre a quién se le ha hecho semejante declaración? La palabra dada incluye la promesa de una poderosa visitación por parte del Espíritu de Dios, la manifestación de un ministerio profético, y la experiencia de un corazón transformado. Muñido de semejante bendición, a este varón se lo anima a hacer lo que se le venga a la mano, porque el Dios todopoderoso respaldará su vida en todo tiempo. ¡Qué tremendo! ¿Dónde está el obstáculo que podrá detener el ministerio de este, que ha sido levantado por el Señor mismo? ¿Quién se le podrá oponer?
Si hubiéramos estado presentes en ese momento, ninguno de nosotros hubiera podido evitar soñar un poco acerca de las tremendas maravillas que Dios obraría a través de la vida de este siervo. Cuánto nos hubiera sorprendido que alguien nos diga en ese momento: «¿Sabes quién será el principal obstáculo al cumplimiento de esta palabra? ¡Él mismo!»
De hecho, ¡así fue! La persona a quien se le dijeron estas palabras fue al rey Saúl. Cuánta promesa está contenida en la declaración que se le hizo. La vida del rey, sin embargo, ilustra un importante principio sobre la vida espiritual. Uno puede recibir todos los dones, toda la unción y todos los demás elementos necesarios para un ministerio extraordinario. En ocasiones, hasta nos convencemos que la falta de estas cosas es lo único que realmente impide que alcancemos un grado de mayor grandeza en nuestras propias vidas. Pero si lo que hemos recibido no va acompañado de una vida de absoluta sumisión a nuestro Dios, nos espera la ruina.
Hace poco tiempo leía un artículo escrito por el Dr. R. Clinton, varón que se ha especializado en el estudio minucioso de la vida de los grandes líderes a lo largo de la historia del pueblo de Dios. Clinton compartía que muchos líderes fracasaron en la segunda parte de su vida. Es decir, empezaron con gran pasión, en ministerios que prometían aportar mucho a la extensión del reino. En el camino, sin embargo, muchos de ellos cayeron en adulterio, fueron descarrilados por otras pasiones, o simplemente quedaron atrapados en la aparente «grandeza» de sus propios ministerios, obsesionados consigo mismos.
Saúl es la triste ilustración de esta verdad. Empezó con una extraordinaria ventaja sobre sus pares. Pero terminó abandonado en un campo de batalla, sin el respaldo de Dios ni de sus pares. No supo complementar lo que había recibido, con una vida de devoción y sumisión al que le había regalado todas esas cosas.
Para pensar:
Si tuviera que hacer una evaluación de su vida espiritual en este momento, ¿cómo la describiría? ¿Ha perdido su pasión por el Señor? ¿Está más entretenido con su ministerio que con Dios? ¿Por qué no toma ahora mismo un tiempo para expresarle a Dios su compromiso incondicional? ¡Ningún logro vale tanto como para perderlo a él!


Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

 

 

Wednesday, March 13, 2013

CUANDO LA CRISIS AZOTA

CUANDO LA CRISIS AZOTA       Marzo 13
David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues el alma de todo el pueblo estaba llena de amargura, cada uno por sus hijos y por sus hijas. Pero David halló fortaleza en Jehová, su Dios, y dijo al sacerdote Abiatar hijo de Ahimelec: «Te ruego que me acerques el efod». Abiatar acercó el efod a David, y David consultó a Jehová.   1 Samuel 30.6–8
David había salido a pelear junto a los filisteos, pueblo con él cual se vio obligado a morar luego de sufrir más de diez años de persecución por parte de Saúl. Mientras estaban David y sus hombres lejos de casa, vinieron a saquear su pueblo y se llevaron cautivos a las mujeres y niños. Cuando los guerreros regresaron a casa se encontraron con un cuadro verdaderamente desolador, el cual produjo en ellos una genuina amargura.
Quien ha asumido responsabilidades frente a otros se va a enfrentar ocasionalmente a situaciones de profundas crisis que pueden tener consecuencias devastadoras para el grupo. Esto es parte de la realidad que le toca vivir a cada líder. Y en algunas pocas situaciones, los seguidores cuestionarán duramente al líder y hasta contemplarán medidas drásticas contra su persona. Los hombres de David querían matarlo.
En situaciones de crisis siempre afloran en nosotros las reacciones más carnales. Nos lamentamos por lo ocurrido. Nos preocupamos por las posibles consecuencias. Cuestionamos los pasos que nos llevaron a la crisis. Nos enojamos con los que están más cerca nuestro. Buscamos a quién echarle la culpa. Nos apresuramos en tomar decisiones imprudentes. Todas estas cosas rara vez contribuyen a una solución.
Cuán instructivo resulta, entonces, observar el compartimiento de David en esta grave crisis que le tocó enfrentar. En primer lugar, note la reacción instintiva de un hombre acostumbrado a caminar con Dios: «David halló fortaleza en Jehová, su Dios». El hombre maduro debe inmediatamente procurar, en tiempos de crisis, acercarse a la única persona que puede darle la perspectiva correcta de las cosas, devolviéndole el equilibrio y la tranquilidad en medio de la tormenta: Dios mismo. David, como lo había hecho siempre, no se demoró en buscar del Señor la fortaleza que no poseía en sí mismo.
En segundo lugar, habiendo estabilizado sus emociones y fortalecido su espíritu, David no se puso a estudiar la situación para ver cómo podía salir de ella. Llamó al sa-cerdote para buscar de parte de Dios, una palabra específica para este grave revés. Sabía que, en última instancia, no importaba su propia opinión, ni tampoco la opinión de sus hombres. Sí era de extrema importancia recibir instrucciones del que verdaderamente controla todas las cosas. El resultado fue que David no solamente fue fortalecido, sino que también se le dieron los pasos apropiados para recuperar todo lo que habían perdido y se logró, de esta manera, una importante victoria para todo el grupo.
Aunque son momentos difíciles de transitar, no pierda nunca de vista que algunas de las lecciones más dramáticas e impactantes en la vida de sus seguidores vendrán cuando ellos tengan la oportunidad de observarlo en situaciones de crisis. Es allí donde aflorará lo mejor -o lo peor- que hay en su corazón.
Para pensar:
¿Cómo actúa en situaciones de crisis? ¿Cuáles de estas reacciones contribuyen a empeorar el problema? ¿Qué cosas puede hacer para manejarse con mayor sabiduría en tiempos de crisis?
 


Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

Tuesday, March 12, 2013

AMIGOS EN TODO TIEMPO


AMIGOS EN TODO TIEMPO       Marzo 12
Hizo Jonatán un pacto con David, porque lo amaba como a sí mismo. Se quitó Jonatán el manto que llevaba y se lo dio a David, así como otras ropas suyas, su espada, su arco y su cinturón.   1 Samuel 18.3–4
El lugar que ocupa un líder dentro del pueblo es, con frecuencia, un lugar solitario. Debe hacerle frente a muchos problemas solo. Experimenta presiones que otros no comprenden. Se ve rodeado de personas que esperan algo de él como líder. Atesora una visión que los demás aún no han visto. Tiene conocimiento de realidades que sus seguidores ignoran. Por todas estas cosas, y muchas otras, el camino que recorre el líder tiene cierto grado de soledad.

Es por esta razón que todo líder necesita tener cerca suyo dos o tres personas que realmente son amigos, con los cuales puede compartir realidades que no comparte con otros.
Jonatán y David entablaron esta clase de relación. Los dos ocupaban lugares importantes dentro del reino, y ambos llevaban responsabilidades sobre el resto del pueblo. Esto no impidió que establecieran una relación de amistad profunda que muchas veces les traería alivio y consuelo en medio de las presiones que enfrentaban a diario.

Observe, además, el hecho de que estos dos amigos llevaron su amistad un paso más allá de lo común. La mayoría de nosotros disfrutamos de buenos momentos con algunos amigos, pero nuestra relación no es el resultado de un compromiso deliberado. Simplemente lo experimentamos según van surgiendo las ocasiones. David y Jonatán no solamente compartían esta amistad, sino que la llevaron al plano de un pacto mutuo. El pacto que hicieron los comprometió a cuidarse y amarse en las situaciones más adversas que les pudiera presentar la vida. Tomaron juntos la decisión de crecer como amigos, y de procurar el bien el uno hacia el otro. Pocas relaciones llegan a este grado de compromiso.

En esta escena, entonces, vemos uno de los aspectos que diferencia al gran líder de otros líderes. La mayoría de nosotros nos pasamos el tiempo esperando que la vida nos presente oportunidades y personas que nos sean de bendición. El líder maduro no espera la llegada de situaciones propicias para el crecimiento. Las crea él mismo, tomando la iniciativa de trabajar y avanzar en esas circunstancias que tienen promesa de bendiciones futuras.

La amistad que se construye sobre el pacto, como puede ser el que sustenta el matrimonio, es el más fuerte que se puede dar entre dos personas. Es una relación a prueba de toda adversidad y contratiempo, porque su punto de referencia no radica en los permanentes cambios de la realidad cotidiana. Está anclada en una promesa que tiene dimensiones eternas. Como tal, perdura a lo largo de la vida, aun cuando la situación que dio origen a este pacto ya no exista. Es la clase de compromiso que nuestro Padre celestial tiene con nosotros.
Para pensar:
¿Tiene amigos? ¿Qué aspectos tiene la relación con sus amigos? ¿Con cuáles de ellos puede compartir las cargas y las presiones del ministerio? ¿Cómo puede introducir en sus amistades los elementos necesarios para conducirlos hacia un crecimiento sostenido?



Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

Monday, March 11, 2013

EN GUARDIA CONTRA LO OCULTO

EN GUARDIA CONTRA LO OCULTO          Marzo 11
¿Quién puede discernir sus propios errores?Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias, que no se enseñoreen de mí. Entonces seré íntegro y estaré libre de gran rebelión.  Salmo 19.12–13
La pregunta que el salmista hace aquí es lo que se describe como una pregunta retórica. Este tipo de preguntas no requieren de respuesta porque ya está implícita en la misma pregunta. En este caso, la respuesta es: ¡nadie! No existe una sola persona que pueda discernir sus propios errores.
A pesar de esto, la mayoría de nosotros nos mostramos bastante confiados a la hora de defender nuestra falta de culpa. El salmista, a diferencia de nosotros, entendía un principio fundamental para la vida espiritual, y es que ningún ser humano posee claridad acerca del estado de su propia vida. Esta misma verdad fue reiterada por Jeremías, cuando afirmó que el corazón del hombre es más engañoso que todas las cosas, y sin remedio (17.9). Por más que nos propongamos mirar y examinar con cuidado nuestra vida, no podremos discernir nuestros propios errores, porque la esencia misma del pecado reside en el engaño. Lo que está oculto no puede ser tratado y posee toda la capacidad de descarrilarnos en nuestro andar. Por esta razón el salmista exclamó: «Líbrame de los que me son ocultos».
No es coincidencia, tampoco, que haya reparado en la soberbia cuando pensaba en pecados ocultos. De todos los pecados, el más difícil de detectar es el del orgullo. Como ha observado un sabio comentarista, «¡nadie está tan cerca de caer como aquel que esta confiado de estar bien parado!» Todos poseemos gran capacidad de ver el pecado del orgullo en nuestro prójimo, pero carecemos notablemente de discernimiento a la hora de examinar nuestra propia vida con respecto a este tema.
El salmista sabía que la soberbia no confesada se convierte en un amo implacable que domina la vida de la persona y lo lleva hacia la perdición. Esa persona ya no tendrá control sobre su vida, sino que su amo, la soberbia, se convertirá en la fuerza que dicta la manera de proceder en cada situación. Nadie le podrá señalar nada. Nadie lo podrá corregir. Nadie se le podrá acercar, porque la soberbia no se lo permitirá, no sea que descubra su propia maldad y se arrepienta.
Un líder soberbio es una persona que traerá mucho sufrimiento y dolor a la congregación que ministra. Por esta razón, es bueno que recordemos que nuestra propia opinión de la pureza espiritual muchas veces tiene poco que ver con nuestra verdadera situación. El líder sabio sabrá que hay realidades en su vida que no puede ver, que tienen toda la capacidad de neutralizarlo. No se confiará de la propia evaluación de su corazón. Buscará que el Señor lo examine, para traer a la luz aquello que está oculto y lograr así la verdadera integridad. Tampoco tendrá miedo de abrirse a que otros lo examinen, pues la misma capacidad que él posee de ver el pecado en otros es la que otros poseen hacia su persona.
Para pensar:
San Agustín escribió: «Cuando el hombre descubre su pecado, Dios lo cubre. Cuando el hombre tapa su pecado, Dios lo destapa. Cuando el hombre confiesa su pecado, Dios lo perdona».


Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

Friday, March 8, 2013

DISCERNIMIENTO EN LAS CIRCUNSTANCIAS

DISCERNIMIENTO EN LAS CIRCUNSTANCIAS         Marzo 8
He pasado junto al campo del perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento, y he aquí, estaba todo lleno de cardos, su superficie cubierto de ortigas, y su cerca de piedras derribada. Cuando lo vi, reflexioné sobre ello; miré, y recibí instrucción.   Proverbios 24.30–32 (NVI)
La situación que describe el autor de este versículo seguramente con frecuencia se veía por los caminos de Israel. Muchos pasarían por este mismo lugar y verían el estado de dejadez del campo. Verían el deterioro con cierto asombro, pero luego seguirían por sus caminos. El autor, como dice una traducción, «guardó en su corazón lo observado». Es decir, trató de descifrar el significado que tenía el triste cuadro que había contemplado. Intentó ver más allá de lo visible, para entender los principios de vida que delataban esa escena de deterioro. Tales lecciones no están a la vista de los que pasan por la vida apurados, concentrados solamente en sus cosas. Solamente se pueden discernir cuando uno añade al proceso de observación un riguroso ejercicio de reflexión. En el caso del esfuerzo del autor de Proverbios, está reflexión dio fruto y recibió «instrucción».
 
Lo que está a nuestro alrededor puede brindarnos valiosas lecciones para nuestro propio andar, y es este el verdadero valor de ser observador. El ejercicio de reflexionar nos libra de simplemente menear la cabeza frente a la falta de responsabilidad del vecino, o de darle rienda suelta a las críticas que no edifican ni aportan nada a la situación. Tristemente, sin embargo, nuestras observaciones muchas veces no producen más que estos magros resultados.
 
La reflexión bien llevada puede ser una actividad sumamente provechosa, cuando busca aprender de las variadas situaciones que nos presenta la vida. Sin duda este es un tema recurrente en Proverbios. En el primer capítulo, el autor señala que «la sabiduría clama en las calles, en las plazas alza su voz; clama en las esquinas de las calles concurridas; a la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos» (1.20–21 - LBLA). Los cuatro lugares mencionados -la calle, las plazas, las esquinas y las puertas de la ciudad- son aquellos lugares donde se llevaban a cabo las actividades de la vida cotidiana. En medio de estas actividades, una persona podía descubrir muchas lecciones valiosas para la vida, que es la esencia de lo que significa ser sabio. Es un error creer que solamente se aprende dentro del marco de un aula o asistiendo a algún evento especializado en ese tema. La sabiduría está a disposición de todos los que tienen ojos para ver y un corazón dispuesto a meditar en lo que ven a su alrededor.
Para pensar:
«Es mejor adquirir sabiduría que oro. El oro le pertenece a otro, pero la sabiduría puede ser nuestra. El oro solamente sirve para el cuerpo y este tiempo presente, pero la sabiduría es para el alma y la vida eterna». Matthew Henry.


Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

Thursday, March 7, 2013

EL LUGAR DE DEFINICIONES


EL LUGAR DE DEFINICIONES     Marzo 7
Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón.   Hebreos 12.3 (LBLA)
La analogía que está usando el autor de Hebreos para ayudarnos a entender la dinámica de la vida cristiana, es la de una maratón, una carrera larga que tiene una distancia de unos 42 km. Deja varias recomendaciones acerca de cuál es la forma en que mejor se puede correr esta carrera. En el devocional de hoy queremos concentrarnos en el secreto de no cansarnos ni desanimarnos en nuestros corazones.

El autor, como lo hizo en el versículo anterior, nos anima a fijar la vista en el ejemplo del Hijo de Dios. La carrera no fue fácil para el Mesías. En el camino le hizo frente a cuestionamientos, oposición, ridiculización, incomprensión, agresión y, finalmente, traición y abandono. Todo esto hubiera sido más que suficiente para descarrilar la vida de aun el más fuerte. Más Cristo, lejos de desanimarse, prosiguió hacia la meta con esa singularidad de propósito que caracteriza a los verdaderamente grandes. El secreto de su éxito estaba en que entendía que toda conquista se logra primeramente en el corazón.

Un buen atleta sabe que al menos la mitad de una carrera se gana con la actitud, y le da tanta importancia a la preparación mental como a la física. Puede poseer un estado físico envidiable, capaz de grandes hazañas en el deporte que practica. Pero la batalla a menudo se gana o se pierde en los lugares escondidos del ser interior del deportista. Si en su corazón siente que no tiene posibilidades frente a sus rivales, poseyendo mayores aptitudes deportivas que ellos, entonces de seguro perderán.

Como líderes, debemos tener absoluta claridad acerca de la verdadera batalla que enfrentamos. El conocido autor cristiano, Charles Swindoll, ha observado: «Estoy convencido que el 10% de la vida consiste en las cosas que nos pasan; el otro 90% de la vida depende de la manera que reaccionamos a lo que nos pasa». Las definiciones cruciales en esta vida tomarán lugar en el corazón, donde siempre está presta la carne para manifestarse con seductoras sugerencias. Nuestros peores problemas no están a nuestro alrededor, sino escondidos en nuestro ser interior. «Porque del corazón salen malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas son las cosas que contaminan al hombre» (Mt 15.19–20).
Para pensar:
Pablo señaló que uno de los elementos cruciales para una vida victoriosa consistía en la renovación de la mente. «No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» le escribía a los Romanos (12.2). ¿Qué tipos de pensamientos ocupan su mente durante el día? ¿Cuáles son los que producen en usted desánimo? ¿Cuáles le estimulan a continuar en la batalla a la cual ha sido llamado? ¿Qué cosas puede hacer para traer mayor disciplina a su vida en esta área?



Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

Wednesday, March 6, 2013

LOS OJOS EN LA META


LOS OJOS EN LA META       Marzo 6
Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Hebreos 12.2
Hemos estado considerando las exhortaciones del autor de Hebreos, quien nos anima a pensar en la analogía de una maratón (una carrera de unos 42 km. de distancia) para entender las dinámicas de la vida cristiana. En nuestro versículo de hoy, queremos pensar en lo que inspira al corredor.

La competencia de la maratón estaba basada en la odisea del joven soldado griego que corrió una gran distancia, después de la batalla de Maratón, para informar acerca de los resultados de aquel enfrentamiento. Ser el ganador de semejante competencia era un asunto de enorme prestigio, no solamente porque el atleta demostraba sus extraordinarias aptitudes físicas, sino también porque el campeón era identificado con aquel primer héroe de esta singular historia.

En las carreras modernas, la largada muchas veces está en el mismo lugar de la llegada. Antes de correr, cada corredor echa un vistazo al podio y, por unos segundos, sueña con las sensaciones de estar subido allí, en lo más alto del escenario, aplaudido y elogiado por el público que lo reconoce como el mejor entre sus pares. Tal sueño, aun cuando no es más que un pensamiento fugaz en los minutos previos a la carrera, actúa como poderoso estimulante para cada uno de los deportistas. Aun los menos preparados acarician el sueño placentero de cruzar la meta, para sentir que todo el esfuerzo valió la pena.

Durante la carrera, habrá muchos momentos difíciles en los cuales el deportista luchará con el deseo de abandonar. En estas instancias, los mejores atletas convocan otra vez la imagen del glorioso momento de llegada y buscan recuperar fuerzas como un anticipo de la gloria que vendrá.

El autor de Hebreos usa como excelente ilustración a Jesús. Su momento de máxima crisis fue en Getsemaní. Allí le confesó a sus discípulos el fuerte deseo de «abandonar la carrera». «Mi alma está muy triste» les dijo, «hasta la muerte» (Mt 26.38). Se apartó y se concentró en la intensa batalla que se había apoderado de su corazón, una batalla entre el deseo de hacer la voluntad del Padre y el deseo de hacer la voluntad propia. Finalmente, logró lo que hacía falta para seguir en carrera: quitó los ojos de la cruz y la inminente agonía de la muerte, para fijar su vista en algo que lo inspiraba plenamente. Esto era el gozo del momento de reencuentro con su Padre celestial.

Como líder, usted necesita tener los ojos puestos en algo más inspirador que las circunstancias en las cuales se encuentra. Quizás sea el cumplimiento de una Palabra que el Señor le dio. Quizás sea la realización de una visión que recibió. O bien podría ser la finalización de un proyecto que traerá gloria a Su nombre. Sea cual sea el tema, esto lo inspirará y animará a seguir adelante cuando ya las fuerzas parezcan desvanecerse.
Para pensar:
¿En qué cosas tiene los ojos puestos la mayor parte del tiempo? ¿Qué cosas tienden a desanimarlo? ¿Qué cosas lo inspiran? ¿Qué pasos debe dar para fijar con mayor frecuencia sus ojos en aquello que lo inspira?



Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.