Tuesday, October 31, 2017

Un modelo de hospitalidad | Dr. Charles Stanley | 10/31/17

3 Juan 1.1-8

Después de leer el pasaje de hoy, ¿puede nombrar al hombre a quien Juan dirigió esta carta? Sería conveniente que tengamos en cuenta a Gayo, porque Juan lo describe como un anciano amado que andaba en la verdad, que actuaba fielmente en lo que hacía, y que amaba a los desconocidos que visitaban la iglesia.

Aunque esta carta fue escrita a Gayo alrededor del 90 d. C., la primera mención de él en la Biblia aparece más de 30 años antes, durante el tercer viaje misionero de Pablo. Era originario de Derbe, en Asia Menor, una ciudad que Pablo visitó en sus dos primeros viajes. Al parecer, Gayo dejó su hogar para acompañar al apóstol en su último viaje; durante ese tiempo fue arrestado por la predicación de Pablo (Hch 19.28-32). También formó parte de un grupo de hombres que viajó con Pablo por Macedonia (Hch 20.4).

Puesto que Gayo era un nombre común, algunos estudiosos se preguntan si la Biblia se refiere a distintos hombres con ese nombre. Pero, de cualquier manera, su hospitalidad, su amor y su fiel servicio a la iglesia son dignos de mención. En Corinto, Gayo sirvió como anfitrión de Pablo, pero también de toda la iglesia (Ro 16.23). Y seguía practicando la hospitalidad y sirviendo como anciano cuando Juan le escribió varias décadas más tarde.

La hospitalidad no es exclusiva de aquellos que les resulta fácil. Romanos 12.9-21 contiene una larga lista de instrucciones que se aplican a todos los creyentes; y entre ellos hay admoniciones de ayudar en las necesidades de los santos y de practicar la hospitalidad (Ro 12.13). Gayo es un ejemplo maravilloso para nosotros, porque estuvo dispuesto a aceptar incomodidades abriendo su hogar, tanto a creyentes conocidos como a desconocidos.

Monday, October 30, 2017

Expresiones de la bondad de Dios | Dr. Charles Stanley | 10/30/17

Lamentaciones 3:22-25

Imagínese que alguien le pregunta si Dios ha sido bueno con usted. ¿Qué es lo primero que le viene a la cabeza? ¿Piensa en cosas materiales como una casa o un automóvil? Esas cosas son excelentes, pero aunque no tenga ninguna señal externa de sus bendiciones, todavía puede decir que Dios ha sido bueno con usted.

La bondad de Dios se expresa por medio de su misericordia. Por lo general, hablamos de la misericordia del Señor en relación con su plan de salvación, que nos rescata de la esclavitud al pecado. Sin embargo, Dios también se interesa por nosotros cuando estamos sufriendo. El mendigo ciego Bartimeo clamó a Jesús por misericordia, y el Señor respondió sanando sus ojos (Mr 10.46-52). Nada en Bartimeo merecía misericordia, pero la naturaleza de Dios es responder a las necesidades de sus hijos amados.

La bondad de Dios se expresa por medio de su gracia. Ninguno de nosotros, no importa qué tan buen comportamiento tengamos, merece el favor de Dios. Sin embargo, puesto que no somos capaces de salvarnos a nosotros mismos, el Señor, en su bondad, tomó nuestra culpa y sufrió la pena de muerte en nuestro lugar. Al ser salvos, somos invitados a vivir por la gracia de Dios y, por tanto, a recibir constantemente su favor y su ayuda.

La bondad de Dios se expresa por medio de su amor. El Océano Pacífico, a pesar de su inmensidad, parece apenas una gota en comparación con el amor ilimitado del Señor. Ningún pecado que podamos cometer puede ponernos fuera del alcance de su amor.

¡Piense en todo lo que el Padre ha hecho por usted! Envió a su hijo Jesús a morir por sus pecados, y ahora le ofrece misericordia y gracia para vivir.

Saturday, October 28, 2017

Merece la pena esperar la voluntad de Dios | Dr. Charles Stanley | 10/28/17

Salmo 27:13-14

La disciplina de la espera es una de las más difíciles de practicar. Esto es especialmente cierto cuando el deseo de nuestro corazón está a nuestro alcance, y estamos seguros de que Dios está a punto de darnos esa bendición. Pero el Señor siempre tiene un buen propósito cuando nos pide que esperemos, aun cuando no podamos discernir su motivo por meses o incluso años. Aunque difícil, la espera es esencial para vivir en obediencia y para cosechar bendiciones.

Una de las razones principales por las que los creyentes se apartan de la voluntad de Dios y, en consecuencia, de la comunión con Él, es el deseo de actuar por cuenta propia sin recibir primero orientación divina. Cometemos este error muy a menudo al tratar de hacer algo que creemos que complacerá al Señor. Pero la manera de agradar a nuestro Padre es seguir las frecuentes exhortaciones de la Biblia en cuanto a la espera.

No obstante, es posible confundir la espera con la ociosidad. Hacer una pausa para recibir instrucciones requiere una inmovilidad consciente, es decir, la decisión de no actuar hasta que Dios nos dé dirección clara. Su plan para nuestra vida no requiere ninguna deducción de nuestra parte; Él nos dará instrucciones cuando sea el momento adecuado, así que debemos estar en oración y mantenernos en su Palabra si queremos recibir su dirección.

Esperar es difícil. No queremos quedarnos quietos cuando nuestra inclinación natural dice: “¡Agarra el premio ahora antes de que se te escape!” Pero los creyentes sabios esperan hasta haber escuchado la dirección de Dios. Solo entonces podremos seguir adelante con confianza, sabiendo que estamos caminando en su voluntad.

Friday, October 27, 2017

Testigos de Cristo | Dr. Charles Stanley | 10/20/17

Hechos 1.4-8

Testificar de Cristo puede ser algo inquietante para muchos creyentes. Aunque queramos obedecer el llamado del Señor de “Id y haced discípulos” (Mt 28.19), nos preguntamos: ¿Qué puedo hacer? o ¿Qué puedo decir? Puede ser un poco intimidante pensar que tenemos que hacerlo todo. Felizmente, no estamos solos.

Vea de nuevo los versículos clave de ayer, en Mateo 28.18-20. Por saber que estaba dando una orden potencialmente embarazosa, el Señor la expresó de manera calculada. Notemos que este pasaje tiene básicamente tres componentes:

1. Jesús tiene toda autoridad en el cielo y en la Tierra.
2. Debemos ir a hacer discípulos.
3. Jesús estará con nosotros en cada paso del camino.

Estas palabras, junto con la promesa del Espíritu Santo en Hechos 1.8, nos revelan que la responsabilidad de hacer discípulos no es solo nuestra. Jesús no solamente está presente con nosotros, sino también derramando su poder en nosotros para que podamos ser sus testigos de una manera más efectiva, y ser sus embajadores en el mundo. El trabajo y el poder son de Él. Nosotros somos apenas instrumentos suyos para hacer su trabajo.

Dios quiere usarnos, pero no nos ha dejado el trabajo solo a nosotros. Él, que tiene todo el poder y toda la autoridad en el universo, está a nuestro lado paso a paso, y ha puesto ese poder en nosotros por medio de su Santo Espíritu. Todo lo que necesitamos lo tenemos a nuestro alcance. Lo único que tenemos que hacer es obedecer la orden de “Id”. ¿A dónde le guiará a usted esa orden hoy?

Thursday, October 26, 2017

Invertir para la eternidad | Dr. Charles Stanley | 10/26/17

Mateo 28.18-20

La vida cristiana es una vida activa dedicada a trabajar, servir, compartir y ayudar. Muchas veces pensamos que ser cristiano significa solo ir a la iglesia cada domingo por la mañana y ofrendar. Es un buen hábito, pero si esa es la totalidad de su vida cristiana, entonces debo decirle que está equivocado.

Jesucristo ha hecho el llamado a todos sus seguidores de ir al mundo y hacer discípulos, bautizarles y enseñarles. Usted dirá: “Bueno, eso es para los pastores y los misioneros”. No, no es así. Es, en realidad, la responsabilidad de todos los que invocan el nombre de Jesús.

Observe la primera palabra de Mateo 28.19. ¿Qué dice Jesús? Dice: “Id”. En palabras de hoy, está diciendo: “¡Salgan del sofá! ¡Apaguen el televisor! ¡Cierren la computadora! ¡Levántense, miren el mundo a su alrededor, y háblenle a alguien de Mí!”

No se trata de una sugerencia, ni tampoco es una palabra solo para un puñado de creyentes. Si usted ha sido salvado por la sangre de Cristo, ¡Jesús también le está hablando a usted!

Hacer discípulos no significa dejar el trabajo y convertirse en misionero a tiempo completo en un lugar remoto de la Tierra. Usted puede salir, tocar la puerta de su vecino y presentarle a Cristo. No necesita predicar sermones impresionantes a los demás, sino simplemente tener un corazón abierto y dispuesto a cumplir con el llamado que le ha sido hecho por Jesucristo.

¿Qué pudiera hacer usted ahora mismo para “ir y hacer discípulos”? Piense en las cosas que puede hacer hoy para responder al llamado de Dios a su vida.

Wednesday, October 25, 2017

El proceso del perdón | Dr. Charles Stanley | 10/25/17

Mateo 6.9-15

Perdonar a quienes nos han herido es una de las tareas más difíciles. El tener simplemente el deseo de obedecer a Dios, o de decir las palabras correctas, no cumple necesariamente la tarea. Los recuerdos y el dolor pueden permanecer en la mente, haciéndonos sentir que somos víctimas de una injusticia y despertando ira en nosotros.

Aunque tenemos la responsabilidad de tomar la iniciativa después de haber sido heridos, perdonar es un proceso. Hay que empezar de inmediato para evitar que se desarrolle una raíz de amargura. Pero recuerde que cuanto más profunda sea la herida, más tiempo necesitará para poder perdonar. Nunca se desanime, porque el Señor estará con usted en cada paso del camino.

Arrepentirse ante Dios es el inicio del proceso. Venga ante Él, confesando cualquier resentimiento y reconociéndolo como pecado. Al poner su ira y su dolor delante del Señor, permita que Él comience a sanar su corazón herido.

A veces, el proceso puede también implicar ir a la persona que le ofendió, y confesarle su actitud pecaminosa hacia ella. Este es un momento, no para acusar o detallar las faltas de la otra persona, sino simplemente para reconocer las suyas. Aunque la falta cometida contra usted puede parecer mayor que su actitud de no perdonar a la otra persona, evite la tentación de “jerarquizar” las faltas. Deje el juicio a Dios.

El perdón da libertad de la turbación que acompaña el resentimiento. Al ocuparse del proceso, usted comenzará a ver con ojos de compasión a la persona que le hirió. Al final, podrá dar gracias a Dios por la oportunidad de aprender a perdonar y de vivir en su gracia abundante.

Tuesday, October 24, 2017

Obstáculos para perdonar | Dr. Charles Stanley | 10/24/17

Mateo 18.21-35

El perdón puede definirse como dejar el resentimiento contra alguien y renunciar al derecho de desquitarse; mientras que la falta de perdón exige que el culpable pague por el mal que hizo.

Según estas definiciones, el no perdonar parece ser lo justo, y perdonar, injusto. Esta es la razón por lo que resulta tan difícil perdonar. El perdón está en contra de la conciencia de lo que es justo, que nos ha sido dada por Dios. Sin embargo, ¡Dios nos llama a perdonar a quienes no lo merecen!

Para evitar perdonar, nos repetimos una y otra vez el daño sufrido, hasta que nuestro deseo de venganza y el dolor que sentimos parecen totalmente justificados. Convencidos de nuestro derecho de estar enfadados, exigimos el pago, pensando que no darle a una persona el castigo que merece, ¡no es justo!

El Padre celestial enfrentó el mismo dilema. Toda la humanidad había pecado y merecía la separación eterna de Él. Pero Dios no podía perdonar el pecado arbitrariamente, porque entonces dejaría de ser justo. Nuestro perdón es posible solo porque la justicia divina fue satisfecha por el pago que hizo el Hijo por nuestros pecados. Ahora Dios es libre para perdonarnos legítimamente.

Cuando aceptamos el perdón del Señor, renunciamos a guardar resentimiento. Un corazón que no perdona es muy desdichado, porque está alejado de Dios, que es la fuente de toda paz y felicidad.

¿El pensar en alguna persona, o verla, despierta en usted rencor? Aferrarse al resentimiento le mantendrá prisionero de la turbación emocional, pero renunciar al mismo le hará libre. Cristo ha dado la llave del perdón. Tómela, abra la puerta del calabozo y salga a la luz.

Tuesday, October 17, 2017

Cómo lograr sus metas | Dr. Charles Stanley | 10/17/17

Isaías 41.10

Ayer aprendimos la importancia de precisar nuestras metas. También debemos asegurarnos de fijarlas con la guía de Dios, en vez de establecerlas sin su ayuda y esperar después que Él bendiga nuestros esfuerzos. Nuestro éxito será determinado por nuestra dependencia del Señor. Si pretendemos lograr algo con nuestras propias fuerzas, aunque sea algo bueno, fracasaremos.

Otros factores pueden también ayudarnos a lograr una meta. Una pasión ardiente, por ejemplo, puede proporcionar la motivación y evitar el desánimo. Además, debemos tener la confianza de alcanzar la meta, sabiendo que el Señor nos capacitará para cada una de las tareas que Él nos asigne. Recuerde a David, el joven pastor: parecía no poder rivalizar con Goliat, pero Dios lo preparó por medio de la experiencia que había adquirido al proteger a las ovejas de animales peligrosos.

Planificar paso a paso una línea de acción nos ayudará también a tener éxito; un calendario es útil para fijarle una fecha a cada parte del plan. Dos cosas más que necesitamos son valentía y confianza. El temor al fracaso y la opinión de otros pueden ser paralizantes. Pero la valentía se logra con la lectura de la Palabra de Dios, la oración, y hacer oídos sordos al negativismo. Así, la confianza mantendrá nuestra mirada en la meta, y no nos apartaremos de ella.

Usted puede seguir viviendo como antes, o descubrir lo que Dios piensa hacer en su vida. ¿Le está dirigiendo Él hacia una meta específica? Recuerde que el Señor es todopoderoso.

Si usted utiliza estos principios, experimentará la suficiencia de Dios para hacer cosas poderosas y lograr los planes que Él tiene para usted.

Monday, October 16, 2017

La vida victoriosa | Dr. Charles Stanley | 10/16/17

1 Samuel 17.12-51

El ejército filisteo estaba listo para la batalla. David, apenas un muchacho, había viajado desde su casa hasta el frente de batalla para saber de sus hermanos y llevarles comida. Allí escuchó las amenazas del famoso Goliat contra Israel. El joven israelita se indignó: ¿Quién era este gigante para desafiar el ejército del Señor?

David sintió la dirección de Dios y obedeció. Entonces se produjo un enfrentamiento entre un gigante y un muchacho. Pero debido a que el Dios todopoderoso estuvo del lado del joven, Goliat y todo el ejército filisteo fueron derrotados.

Esta es una historia sorprendente; rara vez oímos de milagros como éste. Pero nosotros, al igual que David, podemos vivir victoriosamente, incluso en medio de circunstancias aterradoras. Primero, tenemos que entender al éxito desde la perspectiva del Señor: las metas deben alinearse con la Biblia; luego el Padre celestial nos dirige, y seguimos adelante con confianza.

Segundo, como David, se debe tener una idea clara de lo que se quiere lograr. Las metas deben ser lo suficientemente claras para ponerlas por escrito en una o dos frases. Por ejemplo, la meta de David era liberar al pueblo de Dios de sus enemigos. Nuestras metas pueden ser grandes y para toda la vida, como ser ejemplos de dependencia del Señor para nuestros hijos. Otras metas, como dedicarle una noche a la familia cada semana, son más fáciles de lograr.

Ya se trate de un problema como el de David, o de una tarea más fácil, usted debe tener una vida con propósito. Pida dirección y propósito al Señor al poner por escrito sus metas, ya sean grandes o pequeñas. El mismo Dios que condujo a David a la victoria, desea dársela a usted también hoy.

Friday, October 13, 2017

El regalo de la libertad | Dr. Charles Stanley | 10/13/17

Gálatas 5.1

Hay personas en muchos países que creen que son libres, porque sus gobiernos les permiten adorar a Dios, hablar y viajar cuando deseen. Pero, a pesar de las libertades que una constitución pueda garantizarles, es innumerable el número de personas que siguen viviendo en esclavitud. Esto es así, porque la verdadera libertad no es algo que puede ser legislado, sino la capacidad de vivir una vida recta en la misericordia, la gracia, la bondad y el poder de Dios.

La libertad verdadera significa que:

Por medio de Jesucristo somos redimidos de la esclavitud del pecado. Dios nos ha adoptado en su familia, y podemos caminar con Él en la verdad.

Nuestra esperanza es segura. Podemos vivir con gozo y confianza, ya que confiamos en que el Señor cuidará de nosotros hoy y siempre.

Dios nos ha permitido llegar a ser todo lo que Él se propuso. Él ha abierto la puerta para que seamos libres de resentimientos, de baja autoestima y de otros impedimentos que una vez nos dominaron. Además, su Espíritu Santo nos guía y nos capacita para que podamos hacer todo lo que Él desee.

Por su gracia, Cristo nos ha hecho libres para que nos relacionemos unos con otros como Él lo desea. Podemos amar y perdonar en el poder de Dios, porque hemos experimentado lo mismo de Él.

¿Hay algo que está obstaculizando la obra de Dios en su vida, o interfiriendo con su paz y su alegría? Recuerde que somos libres de la esclavitud del pecado, pero hemos elegido ser esclavos del Señor Jesús. Solo cuando rendimos y sacrificamos todo a Él, podemos vivir realmente en libertad.

Thursday, October 12, 2017

El peligro del enojo | Dr. Charles Stanley | 10/12/17

Efesios 4.26-27

Ayer aprendimos cómo lidiar con el enojo constante en nuestra vida. Hoy descubriremos el principio de Dios para evitar el resentimiento prolongado.

Es importante entender que los creyentes podemos tener momentos de enojo y aún así seguir estando bien con Dios. Pero la ira que se guarda por mucho tiempo es una oportunidad para Satanás. Éste planta con rapidez justificaciones en nuestra mente: Esa persona merece que le grites. ¡No debes ser tratado de esa manera! Dios te entiende. Al dar excusas a las personas para construir una defensa que les permita albergar su ira, Satanás crea una muralla en sus vidas. Son necios el hombre o la mujer que permiten que la ira se anide en su corazón (Ec 7.9).

No debemos poner ni un solo ladrillo para esa fortaleza del diablo. Más bien, los creyentes deben responder a la provocación perdonando a los demás como Dios perdona. Su misericordia es incondicional; no hay falta que Él no perdone. Los creyentes no pueden estar delante de Dios si justifican el albergar ira por largo tiempo. Por tanto, tenemos que dejarla ir por medio del perdón.

Podemos protegernos más aún si identificamos lo que nos irrita con frecuencia. Cuando esas situaciones (o personas) surjan, debemos pedirle a Dios que nos haga prontos para oír, tardos para hablar, tardos para la ira (Stg 1.19). Ese es el fruto espiritual del dominio propio en acción.

La ira solo produce malas relaciones y mal testimonio. El creyente sabio hace dos cosas para enfrentarla. Primero, sigue las numerosas amonestaciones que hay en la Biblia acerca de este peligroso sentimiento, y se mantiene alerta. Y, segundo, renuncia a su ira en favor del perdón.

Wednesday, October 11, 2017

Cómo manejar el enojo | Dr. Charles Stanley | 10/11/17

Efesios 4.30-32

En una vida recta no hay lugar para el enojo constante, ya sea en forma de rabia o de resentimiento. La furia que nos endurece el corazón se convierte en un bastión para Satanás.

El método carnal para “curar” el enojo es, o bien darle rienda suelta (con la rabia), o bien suprimirlo (con el resentimiento). Ninguna de las dos opciones resuelve el problema o hace que la persona airada se sienta mejor. La manera en que Dios se ocupa de este peligroso sentimiento elimina el enojo, y hace libre al creyente. Como nos recuerda el pasaje de hoy, debemos dejar “toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia” (Efesios 4.31). Pero, para ello, es necesario que reconozcamos que existen en nuestra vida. Ya sea que estemos molestos con nosotros mismos, con otra persona, o con Dios, tenemos que aceptar la responsabilidad por ese sentimiento. Simular que no existe, o que de alguna manera uno nunca se aíra, no sirve de nada. Si siente algún enojo, reconózcalo y después identifique su origen.

He aquí preguntas que le ayudarán a identificar el origen de su enojo:

¿Por qué estoy enojado?
¿Contra quién está dirigido mi enojo?
¿Qué me hizo sentir de esta manera?
¿Dónde o cuándo comenzó mi enojo?
¿He tenido este enojo durante mucho tiempo?
Una vez que conozcamos la fuente de nuestro enojo, es tiempo de perdonar. La furia y la falta de perdón van a menudo de la mano, y son un pesado fardo que le debilitarán. Dejar el enojo significa caminar con paso ligero dentro de la voluntad de Dios.

Tuesday, October 10, 2017

La oración eficaz por los demás | Dr. Charles Stanley | 10/10/17

Colosenses 1.11-12

Uno de los discípulos vio a Jesús orando, y le dijo: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11.1). Si alguien tan cercano a Cristo necesitaba aprender a orar, sin duda nosotros también lo necesitamos. Felizmente, en la Biblia hay muchos ejemplos que podemos seguir; entre ellos, el pasaje que leímos ayer.

Las peticiones que hacía Pablo en el primer siglo por los colosenses siguen siendo válidas hoy. Una de ellas era que las personas conocieran a Dios (Lc 11.10). Es decir, quería que crecieran en el Señor, que no se estancaran en su fe. Esta transformación se produce por el estudio de la Palabra, la práctica de los principios bíblicos, y cuando observamos las consecuencias de la desobediencia al Señor.

Otro ruego era que experimentaran el poder de Dios (Lc 11.11). El apóstol quería que tuvieran el poder sobrenatural del Señor y la fortaleza que necesitaban para cumplir su voluntad. Lo imposible para el hombre se vuelve posible cuando el creyente confía en Dios. De manera que así Él recibe la gloria.

Por último, Pablo pedía que dieran gracias con gozo (Lc 11.11,12). Esto indica la esperanza que tenía de que mostraran la actitud adecuada, al expresar gratitud aun durante las situaciones difíciles.

En la iglesia se escucha con frecuencia a personas pidiendo que oren por ellas. Muchos creyentes hacen una lista de oración para no olvidar interceder por ciertas personas durante la semana. Si usamos el ejemplo de Pablo, podremos tener la confianza de que estaremos orando por quienes están en nuestra lista, de una manera agradable al Señor y conforme a su voluntad.

Monday, October 9, 2017

La oración transformadora de vidas | Dr. Charles Stanley | 10/9/17

Colosenses 1.9,10

Filipenses 4.6 dice que es bueno hacer peticiones al Señor. Muchas veces le pedimos bendiciones y la sanidad de nuestros seres queridos. Pero hay veces en las que, por su omnisciencia, Dios ve un “no” que al final tendrá más valor.

Entonces, ¿cómo saber cuáles oraciones están de acuerdo con su voluntad? El apóstol Pablo escribió peticiones específicas que hacía a favor de los colosenses, y usted puede ofrecer estas oraciones transformadoras por las personas que son parte de su vida.

Primero, pídale que sean llenas “del conocimiento de [la] voluntad [de Dios]en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Col 1.9). De esta manera, usted le está pidiendo a Dios que le dé la dirección y la capacidad de ver la vida desde la perspectiva de Él.

Segundo, pídale que anden “como es digno del Señor” (Col 1.10). La única manera de tener éxito en esto es mediante el control del Espíritu Santo. Él llena nuestro corazón con anhelo de Dios, y crea el deseo de obedecerle.

Tercero, ore para que sus vidas den fruto (Col 1.10). Hay una diferencia entre estar activo y dar fruto. Muchos cristianos creen que para lograr grandes cosas para Dios se requiere servir como voluntarios en muchos ministerios de la iglesia, o ser misionero o pastor. Pero, la verdad es que, la utilidad en la obra de Dios dependerá de lo que Él llame a hacer a cada persona.

Muchas veces, los cristianos oran solo por las personas cuando ellas están pasando por problemas. Pero Pablo no cesaba de orar a Dios por los colosenses (Col 1.9). Al interceder por otros ante el Señor, recuerde las cosas por las que oraba el apóstol.

Friday, October 6, 2017

CUANDO DIOS CALLA | Dr. Charles Stanley | 10/6/17

Juan 11.1-27

¿Alguna vez ha sentido como si Dios le hubiera aplicado la ley del hielo? Quizás oró y le pidió que diera dirección a su vida, pero usted no escuchó nada. Tal vez ahora esté pasando por alguna enfermedad física o un problema familiar, y nada esté sucediendo, a pesar de que ha rogado a Dios.

¿Cómo reacciona usted cuando el Señor no parece estar respondiendo sus oraciones? ¿Aprovecha la oportunidad para aprender algo de la experiencia, o simplemente concluye que Él le está ignorando? Las respuestas típicas son la desilusión (Dios me falló), el desánimo (debo dejar de orar), la incertidumbre (¿dónde está Dios?), los sentimientos de culpa (hice algo malo), la ira (¡Dios no es fiel!) y el miedo (Dios me ha abandonado).

El pasaje de hoy nos da un buen ejemplo de una vez en la que al Señor Jesús pareció no preocuparle la vida de alguien a quien Él amaba. Al escuchar que su amigo Lázaro estaba enfermo y a punto de morir, ¡Jesús no hizo nada durante dos días! Sus discípulos y las hermanas del moribundo —María y Marta— sin duda se preguntaban por qué a Jesús parecía no importarle. Sin embargo, siguieron confiando en Él, y, finalmente su fe les fue fortalecida.

Cuando no podemos escuchar a Dios, no significa que Él esté dormido o ajeno a nuestras circunstancias. Tampoco significa que vaya a negar nuestra petición. Él quiere que tengamos una relación personal y cercana con Él, independientemente de cómo responda a nuestras oraciones; debemos amarle simplemente porque Él es Dios. Piense en la razón por la que usted ama al Señor, y pídale que le ayude a sentir amor incondicional por Él.

Thursday, October 5, 2017

Nuestro Ayudador en la oración | Dr. Charles Stanley | 10/5/17

Romanos 8.26, 27

El Espíritu Santo es un ayudante práctico. Él es parte de la Trinidad, lo que significa que es uno con el Padre y el Hijo Jesucristo. Él es todopoderoso y omnisciente, igual que los otros dos miembros de la Deidad. En otras palabras, el Espíritu que mora en nosotros sabe exactamente lo que el Padre celestial quiere para nuestra vida.

Puesto que, incluso las personas más inteligentes funcionan con un conocimiento limitado, es sabio depender de la guía del Espíritu Santo, especialmente en la oración. No sabemos lo que nos deparará el futuro; como resultado, nuestros deseos pueden no ajustarse al plan de Dios. O quizás nunca se nos ocurra pedir algo que el Señor sabe que a la larga necesitaremos.

Hay creyentes que renuncian a la oración porque sus limitaciones humanas les impiden comprender completamente cómo funciona ella. Pero quienes dejan de comunicarse con Dios desaprovechan la obra grandiosa del Espíritu. Él dirige nuestras oraciones, fija en nuestros corazones la verdad de lo que hemos pedido, y finalmente abre nuestra mente a la voluntad de Dios.

Los creyentes nunca tienen que preocuparse de ofrecer una oración equivocada. En nuestra humanidad, a menudo pedimos algo que creemos que satisfará nuestra necesidad carnal. Pero el Espíritu Santo no presentará una petición que esté en contra de la voluntad del Padre celestial, sino que intercede para pedir lo correcto. Al mismo tiempo, Él susurra a nuestro corazón que lo que hemos pedido no es adecuado.

Si de verdad anhelamos la voluntad de Dios, seremos sensibles a la guía del Espíritu Santo. Él es nuestro vínculo de oración con el Padre celestial, y donde Él nos guíe, debemos obedecerle.

Tuesday, October 3, 2017

La madurez espiritual | Pastor Charles Stanley | 10/3/17

Isaías 48.10

El modo de obrar del mundo es escoger a las personas más fuertes y más talentosas. Por el contrario, el Señor elige con frecuencia a las más débiles, las que no tienen nada que ofrecer, excepto su absoluta confianza en Él. Esta dependencia es lo que caracteriza a los maduros en la fe.

Pero tal madurez no es automática. Nuestro Padre celestial recibe a las personas tal y como son, pero no permite, por amor, que sus hijos se estanquen, sino que los ayuda a crecer más y más a semejanza de su Hijo (2 Co 3.18). Como seguidores de Cristo, debemos desprendernos de las actitudes, ideas y motivaciones del pasado. El Espíritu Santo ilumina nuestro entendimiento y nos permite ver las cosas desde la perspectiva divina. Así, el Señor puede crear en nosotros dependencia en Él y sometimiento a su Espíritu. La transformación es usualmente gradual, pero Dios permitirá algunas veces que las dificultades y el dolor desarrollen nuestra confianza en Él.

Pensemos en los modelos bíblicos de la fe. Sara y Abraham lucharon con el problema de la infertilidad durante muchos años antes de recibir al hijo prometido (Gn 21.1, 2). José fue vendido como esclavo y encarcelado injustamente antes de poder salvar a su nación del hambre (Gn 45.5). Y en su nuevo papel como madre de Jesús, María se arriesgó a ser acusada de inmoral (Mt 1.18, 19). Todas estas personas enfrentaron angustias y quebrantamiento que les permitieron aceptar su propia insuficiencia y la suficiencia de Dios.

¿Algo le está impidiendo someterse al Señor? Dios desea que usted madure espiritualmente para que al ser débil, encuentre fortaleza en Él.

Monday, October 2, 2017

Evite la condescendencia | Dr. Charles Stanley | 10/2/17

Proverbios 2

Aunque la tentación de claudicar en nuestra postura amenaza a todo creyente, no tenemos que ceder ante ella. Si somos conscientes del peligro, y entendemos las consecuencias finales, podemos tomar la decisión de estar vigilantes en obediencia al Señor. El primer paso para combatir esta situación es entender por qué es tan tentadora. Es fácil ceder ante la presión de los demás para que tomemos parte en lo que sabemos que Dios ha prohibido, pues es natural querer evitar el rechazo. Pero cualquiera que esté decidido a agradar a Dios, debe estar dispuesto a soportar persecución (2 Ti 3.12). Otras veces aceptamos actividades que violan nuestra conciencia, solo para evitar el conflicto, pero lograr la paz no debe ser a costa de sacrificar la obediencia a Dios.

Sin embargo, esta tentación no siempre viene de los demás. De hecho, Santiago 1.14 dice que somos atraídos cuando nos dejamos llevar por nuestra propia concupiscencia. ¿Cuántos cristianos han caído en inmoralidad sexual o pornografía al ceder ante una segunda mirada? La codicia también nos lleva a cambiar nuestra postura. Ya sea que mienta en su declaración de impuestos, o se apodere de objetos de su lugar de trabajo, se sale de los límites de la obediencia a Dios. Base sus decisiones en la verdad bíblica, no en sentimientos ni deseos.

Para permanecer firmes y no ceder ante otras posturas, debe hacer de la Biblia su manual de conducta. Si usted comienza cada día meditando en su Palabra, Dios guiará sus pasos. Cuando el Espíritu Santo le dé una advertencia, obedezca de inmediato, pues ceder ante la tentación le abre una puerta a Satanás.