Friday, July 29, 2016

Las visitas sorpresivas de Dios | Dr. Charles Stanley | 7/29/16

Recuerdo la vez que tuve que enfrentar una decisión particularmente difícil. Todo lo referente a la oportunidad que tenía frente a mí lucía mal —el momento, las circunstancias, entre otras cosas, por lo que seguir adelante con la posibilidad parecía no tener ningún sentido. Aunque simplemente quería rechazarla, oré primero. Mientras oraba, Dios me visitó con una visión clara de lo que Él esperaba que fuera mi vida en el futuro. Por tanto, acepté esa irrazonable e intempestiva oferta, y he cosechado una gran bendición por mi obediencia.

Como cristianos, creemos que el Espíritu Santo dirige nuestros pensamientos mediante la oración y la Biblia. Pero, a veces, Él decide intervenir más directamente en la vida de una persona, como sucedió conmigo en aquel día.

Dios nos ha visitado desde el comienzo, cuando caminaba con Adán y Eva en el huerto (Gn 3.8), y la manera como se revela es diferente en cada caso. Moisés vio una zarza ardiente (Éx 3.2), mientras que Samuel escuchó una voz en la noche (1 S. 3.1-14). Pero cada una de esas visitas fue un encuentro divino.

Cuando el Señor visita a alguien, lo hace con un propósito. Josué recibió instrucciones específicas y poco comunes para tomar Jericó (Jos 5.13-6.5). Saulo de Tarso fue llamado al ministerio (Hch 9). Y otros fueron advertidos del peligro mediante sueños (Mt 2.12, 13).

Las visitas personales de Dios son excepcionales e inesperadas. No podemos orar ni ayudar para hacerlo venir. Él simplemente visita al creyente cuando decide hacerlo. Le digo esto para que esté preparado, con un corazón abierto y un espíritu dispuesto si Él decide visitarle.

Thursday, July 28, 2016

Dar la gloria a Dios | Dr. Charles Stanley | 7/28/16

El ruego de Jesús al contemplar la cruz fue que Él pudiera glorificar a su Padre (Jn 17.1). Ese debe ser también el deseo de nuestro corazón. Cuando despertemos cada mañana para iniciar un nuevo día y las noticias de tragedias o victorias lleguen a nosotros, nuestro ruego debe ser: “Padre, glorifícate”. En las tareas más sencillas y en las más difíciles, el anhelo del cristiano debe ser que Dios sea glorificado.

Cuando oramos por su glorificación, estamos diciendo: “Señor, haz lo que sea para que recibas mayor honra, y para que seas conocido”. Significa que también estamos rindiendo lo que queremos que sea el resultado. Dios, en su soberanía, decidirá qué será lo que traerá honra a su nombre. Y pase lo que pase, debemos creer que Él ha hecho precisamente eso.

Vivimos en un mundo que se niega a darle al Señor la honra y la alabanza debida a su nombre. La gente rechaza al Hijo y se rehúsa a creer en Él. Pero la gloria de Dios continúa, porque su gloria es la perfección de su carácter, el cual nunca cambia.

Dios nos llama a alabar su nombre. Nosotros no podemos añadirle nada a su gloria, pero sí podemos proclamarla y revelarla. Lo honramos al adorarlo en nuestras iglesias, al testificar de su obra en nuestra vida y al proclamar la verdad de su santa Palabra en nuestras comunidades.

Con nuestras actitudes, acciones y palabras, tenemos el privilegio de mostrar a nuestro Padre misericordioso a un mundo que, aunque hostil, lo necesita desesperadamente. Vengamos y unámonos en amor para darle a Él la gloria.

Wednesday, July 27, 2016

En pos de su gloria | Dr. Charles Stanley 7/27/16

Cuando nos convertimos en seguidores de Cristo, nuestra visión de la vida debe cambiar. Ya no somos el centro de nuestro mundo, sino Cristo (Gá 2.20). Es esencial que cambiemos nuestra manera de pensar para tener una cosmovisión cristiana, porque lo que creemos dicta nuestra conducta. Muchos tenemos una cosmovisión en la que hemos tomado ciertas verdades de la Biblia, algunas de nuestra crianza y otras de nuestra cultura para determinar lo que creemos, sin ni siquiera estar conscientes.

Como creyentes, debemos escudriñar las Sagradas Escrituras para encontrar respuestas a todas las preguntas de la vida. ¿Dé donde vine? (Gn 1). ¿Qué sucederá cuando muera? (Jn 14.1-4). ¿Por qué la conducta humana es como es? (Ro 3.9-18). ¿Cómo saber si algo es bueno o malo? (2 Ti 3.16). ¿Para qué fue hecho el hombre? (Is 43.7). Si tenemos las respuestas bíblicas —una cosmovisión cristiana— pensaremos y nos conduciremos de maneras que glorifiquen más a Dios.

Pero la pregunta más importante es ¿qué le importa a Dios? Por la Biblia sabemos que toda la naturaleza declara la gloria de Dios; que el propósito principal del hombre es glorificar a Dios; y que la misión de Jesús en la Tierra reveló la gloria de Dios. Entonces, lo que más le importa a Dios es su gloria.

¿Le sorprende esto? Llegamos a creer que el mundo gira a nuestro alrededor, y que la obra de Dios tiene solo que ver con nuestras necesidades, deseos y placeres. Pero la verdad es que la vida gira alrededor de Dios y de su gloria. Postrémonos humildemente delante del Señor, cambiemos nuestra manera de pensar, y unámonos a Él en pos de su gloria.

Tuesday, July 26, 2016

La senda de la bondad de Dios | Dr. Charles Stanley | 7/26/16

A pesar de que el Señor derrama su bondad sobre todas las personas, la capacidad de percibirla y disfrutarla está limitada por la negativa a adorarle como Dios. Para experimentar la plenitud de su bondad, debemos honrarlo eligiendo el camino de la sumisión y la obediencia a Él. El Señor jamás negará el bien a los que andan en integridad con Él.

Con amor y sabiduría, el Padre ha creado específicamente una senda para cada uno de sus hijos. Porque no hay dos personas iguales, cada senda se verá diferente. Lo que puede ser mejor para una persona, puede no ser bueno para otra. La comparación de los caminos de Dios en vidas diferentes solo conducirá al desaliento y a hacer juicios equivocados. No tenemos ni la sabiduría ni la perspectiva para entender por qué el Señor conduce a algunas personas por sendas de dolor y adversidades, pero podemos saber que Él siempre es bueno.

Cada paso en la senda de Dios representa una decisión deliberada de seguirlo. Por mirar a nuestro alrededor en vez de fijar nuestra mirada en Jesús, podemos pensar que nos estamos perdiendo de algunas experiencias o cosas realmente buenas. Si dejamos la senda del Señor para seguir un camino que se ve mejor, perderemos sus buenas bendiciones y descubriremos, como Adán y Eva, que cualquier otro camino lleva a la perdición.

Tome tiempo para preguntarse regularmente: ¿Estoy en la senda que el Señor ha elegido para mí, o he tomado un desvío para seguir otra dirección que parece buena? Hacernos nuestro propio camino y hacer caso omiso de la bondad y la abundancia de su senda es una locura. Solo Dios conoce el camino que debemos tomar.

Friday, July 22, 2016

Nuestras pruebas | Dr. Charles Stanley | 7/22/16

Algunas personas tienen una idea equivocada acerca de la vida cristiana. Después de aceptar a Jesucristo, esperan que todo sea color de rosa. Pero Él dejó en claro que los problemas son inevitables para los hijos de Dios. Su propia vida no fue una excepción: soportó falsas acusaciones, el rechazo de su propio pueblo y la traición de un amigo cercano —para nombrar apenas unos pocos.

Como sus seguidores, podemos esperar dificultades. La causa de la tribulación será diferente con cada circunstancia. Algunas surgen por la naturaleza caída del mundo, mientras que otras son el resultado de la guerra satánica. Y nosotros podemos ser los causantes de nuestro sufrimiento por la ignorancia, el pecado y las malas decisiones. También hay otra posibilidad: a veces Dios pone pruebas. Aunque esta última opción es difícil de aceptar durante un momento doloroso, el Señor nunca envía el sufrimiento, a menos que tenga un propósito hermoso. Y Él da las fuerzas para soportar.

Recuerde que Dios permite los problemas para nuestro beneficio. Quizás sean para purificarnos y hacernos crecer para un servicio mayor. Tal vez tiene en mente poner a prueba nuestra confianza en Cristo y la devoción a Él, lo que robustece nuestra confianza. O podría estar revelando su poder sustentador. En este mundo nunca sabremos la razón de cada problema, pero podemos confiar en la capacidad de Dios para rescatarnos y madurarnos.

¿Qué pruebas está enfrentando? Jesús entiende su dolor y anhela ser Aquel a quien usted se aferre. Puede elegir buscar ayuda en otra parte o utilizar su aflicción como una fuente de crecimiento. No importa lo dolorosa que parezca la prueba, no desaproveche la oportunidad que le ofrece.

Thursday, July 21, 2016

El joven rico | Dr. Charles Stanley 7/21/16

Tres de los cuatro evangelios contienen el relato del joven que hizo una pregunta muy importante a Jesús: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?” (Lc 18.18). Era un líder muy rico, y se consideraba un hombre de gran moralidad porque había guardado los mandamientos de Dios.

Pero se conducía bajo la falsa suposición de que realizar buenas obras hace a una persona digna de la salvación. Le preguntó a Jesús qué más tendría que hacer para asegurar su lugar en el cielo, además de todas las cosas buenas que ya había realizado.

Esto es lo que yo llamo “el gran engaño” —la falsa creencia de que la vida eterna puede ganarse con nuestros esfuerzos. Si damos crédito a esta mentira, entonces no entendemos el problema de nuestro pecado, y de cómo nos separa de Dios. La Biblia nos dice que hemos heredado una naturaleza pecaminosa a partir del primer hombre (Ro 5.12). Desde entonces, la humanidad ha estado en rebeldía contra el Señor y bajo el juicio divino. No hay nada que podamos hacer para pagar por nuestro pecado.

Si este fuera el final de la historia, seríamos seres sin esperanza. Pero la buena noticia es que el Padre celestial reconoció nuestra difícil situación, y misericordiosamente nos facilitó el camino al cielo (Jn 14.6).

Cuando Dios nos hizo a su imagen, nos creó para vivir eternamente. Por eso, aunque nuestro cuerpo terrenal perecerá, nuestro espíritu no morirá jamás. La pregunta acerca de la vida eterna es importante, ya que pasaremos la eternidad, bien sea con Dios en el cielo, o bien en un estado insufrible, separados para siempre de Él (Mt 25.34, 41).

Wednesday, July 20, 2016

La fidelidad de Dios a través del tiempo | Dr. Charles Stanley | 7/20/16

Dios es el Único que jamás defrauda. Desde el comienzo del tiempo, su Palabra se ha mantenido fiel. Cada profecía es una promesa que ha sido o será cumplida.

Tal vez las más grandiosas de estas profecías fueron las referentes al Mesías, cuya venida había anhelado el pueblo de Dios a lo largo de los siglos. Muchos profetas hablaron acerca del Ungido (2 S 7.12-16; Is 7.14; 9.6; Dn 9.25; Mi 5.2). Aunque no hubo ninguna profecía más sobre este tema durante los cuatro siglos previos al nacimiento de Cristo, cuando llegó el tiempo señalado, Jesús vino para reconciliar a la humanidad con el Padre.

Seguramente la gente debió haberse preguntado si el Salvador vendría alguna vez. Después de todo, 400 años es mucho tiempo para esperar sin ninguna palabra. Pero, como lo demuestra la historia, Dios nunca incumple sus promesas. Él es fiable, aunque su cronograma sea diferente a nuestras expectativas.

Sabiendo esto, podemos leer con confianza las seguridades que se encuentran en las Escrituras. Por ejemplo, si creemos en Jesús como nuestro Señor y Salvador y decidimos obedecerle, la Biblia promete que seremos salvos. Podemos estar seguros de que hemos sido perdonados y redimidos. Es más, nada puede separarnos del amor de Dios (Ro 8.38, 39), y podemos confiar en que Él dará todo lo necesario para cumplir su propósito en nuestra vida.

Estos son solo tres promesas fundamentales; la Palabra de Dios contiene muchas más. Medite acerca de la fidelidad de Dios durante los tiempos bíblicos y en su propia vida, y entienda que Él también será fiel en el futuro.

Tuesday, July 19, 2016

Nuestro Padre fiel | Dr. Charles Stanley | 7/19/16

Todos experimentamos momentos en los que sentimos que las circunstancias son insoportables, que las oraciones no tienen respuesta, y que Dios parece distante. Cuando eso sucede nos preguntamos si Él es el mismo en quien creímos una vez. En momentos como esos, la fe se tambalea en algunas personas, pero se fortalece en otras. ¿Qué es lo que puede causar respuestas tan contrarias ante el sufrimiento?

La respuesta dependerá simplemente de la comprensión y la confianza que tengamos de la fidelidad de Dios. Él siempre se mantiene fiel a sus promesas, y Él es ciento por ciento fiable. En otras palabras, podemos confiar en nuestro Dios todopoderoso, sea cual sea nuestra situación.

Nuestra comprensión de Dios se relaciona con este concepto. ¿Confiamos en Él lo suficiente como para obedecer, aunque hacerlo parezca absurdo? ¿Estamos tan seguros de que Él escucha y contesta la oración, que acudimos regularmente a su trono, aunque no veamos una respuesta inmediata? ¿Estamos cada día sacrificando nuestros deseos y estilo de vida egoístas, porque creemos su promesa de eternidad, dicha y paz? Si las respuestas son “no”, eso puede indicar una deficiente comprensión del carácter de Dios. Es por eso que leer la Biblia es tan importante; por sus incontables ejemplos de las características de nuestro Padre celestial, aprendemos quién es Él y nuestra confianza sigue creciendo.

Felizmente, la fidelidad del Señor no depende de nuestras circunstancias, sentimientos, ni de nuestra fidelidad a Él. Nuestro Padre celestial es fiel a su Palabra y a sí mismo.

Monday, July 18, 2016

¿Por qué dudamos de nuestra salvación? | Dr. Charles Stanley | 7/18/16

Si usted ha puesto su fe en Cristo, pero sigue dudando de su salvación, entonces tiene una vida desorientada. Las áreas clave de la fe comienzan a desmoronarse, y está limitando la acción del Espíritu Santo en usted y por medio de usted. Es imposible tener una vida llena del Espíritu efectiva y con poder, si siempre se está preguntando si es salvo. ¿Por qué los creyentes tienen dudas tan a menudo? Veamos cinco razones principales:

1. El pecado. Cuando una persona vive en desobediencia, sus oraciones se ven obstaculizadas, al igual que su comprensión de los conceptos espirituales. Es comprensible, por tanto, que el pecado confunda los pensamientos de un creyente en cuanto a su salvación.

2. La falsa enseñanza. Si usted ha sido enseñado que la salvación depende de las buenas obras, entonces ha sido engañado.

3. El énfasis excesivo en las emociones. Con mucha frecuencia, la experiencia de ser salvo está ligada a una “subida emocional”. Esto lleva a muchos a dudar de su salvación en un “bajón emocional”.

4. La incredulidad. Hechos 16.31 dice claramente: “Cree en el Señor Jesús, y serás salvo”. Si usted ha hecho esta confesión, entonces es salvo. Dudar de esta afirmación significa que no ha sido capaz de creer lo que Dios dice.

5. El ataque satánico. El propósito del enemigo es alejarnos de Dios. Una de sus tácticas más efectivas es hacer que cuestionemos nuestra identidad en Cristo.

Si usted duda de su salvación, examine su corazón. ¿Algunas de estas falsedades están carcomiendo su fe? Permita que el Señor le fortaleza con su amor —y con la verdad de su salvación.

Friday, July 15, 2016

La ayuda a los necesitados | Dr. Charles Stanley | 7/15/16

En Mateo 22.39, Jesús nos dice que el segundo mandamiento más grande es amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Nuestro amor por los familiares, amigos, vecinos y hermanos de la iglesia se demuestra mejor cuando llevamos sus cargas tal como lo hizo Cristo. Pero el Señor no solo tomó sobre Él en la cruz nuestra deuda de pecado; también fue partícipe de los sufrimientos de quienes buscaban su ayuda, como el ciego Bartimeo (Mr 10.46), la mujer sorprendida en adulterio (Jn 8.3-11) y los oprimidos por demonios (Mt 4.24). Jesús no hace diferencia entre los que Él ama y las cargas que llevará por ellos.

Muchas veces nos sentimos tentados a ser selectivos al decidir a quiénes ayudar, pero de acuerdo al ejemplo de Jesús no podemos llevar las cargas de alguien basándonos en si la persona ha vivido a la altura de las normas que hemos establecido. Hay personas que nunca se vestirán como nosotros o que nunca alcanzarán nuestro nivel académico ni económico. Pero esas mismas personas pueden estar sufriendo y tener necesidad de que alguien las ayude a sobrellevar sus dificultades. Por eso, una sincera expresión nuestra del amor de Dios puede transformar la vida de una persona abrumada por los problemas.

Aunque sabemos que aliviar las cargas de alguien cumple con la ley de Cristo, muchas veces le pasamos esa responsabilidad al pastor. Pero el Señor quiere algo diferente para sus hijos. Nuestras experiencias personales nos preparan para ayudar de maneras que el pastor, quien a su vez tiene experiencias diferentes, no podría. Pídale a Dios que le ayude a saber cómo ayudar a los que están cerca de usted llevando alguna carga.

Thursday, July 14, 2016

La fidelidad continua de Dios | Dr. Charles Stanley | 7/14/16

Dios no miente. Lo que dice, lo hará, porque Él siempre lo lleva a cabo. Sus numerosas promesas están registradas en la Biblia, y Él cumple cada una de ellas.

Ayer me referí a la fidelidad que tuvo Dios conmigo al dirigirme a ser pastor y proveer una beca para ir a la universidad. Después de inscribirme, Él siguió proveyendo, quizás no tanto como yo quería, pero siempre lo suficiente. Recuerdo la vez que me arrodillé junto a mi cama en el dormitorio de la universidad. Le dije al Señor que me quedaba poco dinero y pedí su ayuda. Luego recibí una carta de un vecino, ¡con un cheque que cubriría todos mis gastos! Dios proveyó lo que yo necesitaba, tal como Él lo había prometido (Fil 4.19).

Más tarde, cuando estudiaba en el seminario, fui invitado a predicar en una iglesia local. Ese domingo, cuando terminó el servicio, los líderes de la congregación me pidieron que fuera su pastor, y me manifestaron su disposición de esperar un año hasta que me graduara. ¡Qué giro de acontecimientos tan interesante! Comencé a orar por eso, con la confianza de que Dios respondería, porque así lo había prometido (Sal 91.15). Acepté la oferta, bajo la guía del Espíritu.

La fidelidad de Dios ha continuado a lo largo de mi vida. Yo no podría haber imaginado al comienzo que habría de predicar por más de 50 años. Pero el Espíritu Santo siempre me ha acompañado, enseñándome lo que debo decir cada vez que preparo y predico un sermón (Jn 14.26). El Dios que nos guía es siempre fiel. Por eso, usted y yo podemos cumplir su plan, aunque eso nos sorprenda.

Wednesday, July 13, 2016

La fidelidad de Dios | Dr. Charles Stanley | 7/13/16

Nuestro Padre celestial siempre es fiel a sus promesas.  Podemos estar seguros de esto, porque las hizo fundamentado en su carácter inmutable (He 6.13, 14) y en su Hijo Jesucristo.

Muchas veces, a lo largo de los años, he sido beneficiario de la fidelidad de Dios a su Palabra. Por ejemplo, Romanos 10.13 dice: “Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. Cuando tenía 12 años, creí en Jesús como mi Salvador. Pese a mi falta de conocimiento de lo que había en la Biblia, reconocí que era pecador. Después que confié en el Señor para el perdón de mis pecados, Él me salvó, como dice su Palabra.

A los 14 años, más o menos, comencé a pensar en mi futuro y a preguntarme qué dirección tomaría. Con base en las promesas de Dios, creí que Él me hablaría y me revelaría sus planes para mi vida (Sal 16.11).

Con el tiempo, Dios me hizo ver claramente que Él quería que yo fuera pastor, y comencé a ahorrar dinero para ir a la universidad. Mi fuente de ingresos era la distribución de periódicos, lo que significaba que mi cuenta de ahorros crecía poco. Cuando veía el saldo, no sabía de qué manera podría tener dinero suficiente para pagar mis estudios.

El Señor me habló entonces por medio de Proverbios 3.5, 6. Él dispuso una serie de circunstancias que me llevaron a recibir una beca completa para culminar mis estudios. Si yo hubiera dependido de mi razonamiento, habría renunciado a mi sueño de ir a la universidad. Pero, por haber confiado en el Señor, Él proveyó lo que yo necesitaba para cumplir con su plan.

Piense en la manera como Dios ha trabajado en su vida. ¿Qué testimonio pudiera dar de su fidelidad para con usted?

Tuesday, July 12, 2016

Para vencer el desánimo | Dr. Charles Stanley | 7/12/16

El desánimo puede robarnos paz, alegría y optimismo. Pero le tengo una gran noticia si se siente desanimado: ¡No tiene que seguir así!

He conocido personas que parecían estar en una situación irremediable. Pero años más tarde, estaban en una situación excelente, ya fuera en términos de sus circunstancias o de sus emociones. ¿La razón? Nunca se dieron por vencidas. En vez de entregarse a la autocompasión, optaron por creerle a Dios, dar un paso de fe y salir del foso emocional.

Nehemías es un buen ejemplo. Tenía todas las razones para sentirse derrotado, ya que su pueblo estaba mal. Después de recibir la noticia de que el muro de la ciudad estaba destruido, este varón de Dios se sintió muy triste y desanimado. Pero hacerlo era peligroso, porque estar triste en presencia del rey se castigaba con la muerte.

Aunque el dolor inundaba su alma, Nehemías no se permitió quedarse en ese estado. Clamó a Dios por dirección, y Él le respondió con un poder maravilloso, haciendo que el rey notara el semblante triste de su siervo, y le preguntara qué podía hacer para ayudarlo. Este milagro llevó a la reconstrucción del muro y al rescate del pueblo de Dios.

El Señor puede tomar una situación irremediable, sea cual sea, y cambiarla de maneras mucho más maravillosas de lo que usted pueda imaginar. ¿Espera usted con ilusión lo que hará el Señor? ¿O ha decidido permanecer en la profundidad de la desesperación? Al igual que Nehemías, convierta su desánimo en una petición de ayuda a Dios. Él puede renovar sus esperanzas y evitar que las emociones negativas dominen su vida.

Monday, July 11, 2016

La trampa del desánimo | Dr. Charles Stanley | 7/11/16

¿Se siente atrapado por el desánimo? Si es así, no es el único.
En algún momento, a todos se nos frustran las esperanzas. La desilusión es la reacción inicial normal. Pero si perdura durante mucho tiempo, puede convertirse en desánimo. Cuando eso sucede, no hay ninguna sensación de gozo o satisfacción, no importa lo que usted haga.

Las circunstancias que dan lugar a estas emociones pueden ser inevitables, pero la manera de responder la decidimos nosotros. Podemos dejar que la tristeza abrume nuestra alma, o enfrentar la situación con valentía y traerla a Aquel que puede ayudarnos.

Vivir con desánimo divide la mente, haciendo difícil enfocarse en algo que no sea nuestra aflicción. Entonces la ira nos invade, y buscamos a alguien a quien culpar —ya sea a Dios, a otras personas, o a nosotros mismos.

La frustración manejada incorrectamente puede convertirse en desesperación, la cual, a su vez, puede alejarnos de los demás —la gente no disfruta de la compañía de alguien amargado y derrotado. Este aislamiento conduce a baja autoestima. Por último, podemos tomar decisiones equivocadas basadas en nuestros sentimientos y emociones, en vez de la verdad. Obviamente, elegir esta actitud autodestructiva no es lo que Dios quiere para nosotros.

Aunque todos enfrentamos la decepción de vez en cuando, los creyentes no debemos sumirnos en ella. En vez de eso, Dios quiere que le confiemos todo —aun nuestras expectativas no satisfechas y las tristezas más profundas. Recuerde que hay un propósito divino en todo lo que Él permite que toque la vida de sus hijos (Ro 8.28).

Friday, July 8, 2016

La lucha con la tentación | Dr. Charles Stanley | 7/8/16

No importa qué forma específica tome la tentación en nuestra vida, el enemigo utiliza bastante bien el mismo procedimiento para descarriarnos.

Primero, comenzamos a pensar en el objeto de nuestro deseo. Jugamos con él en nuestra mente, imaginando cómo nos sentiríamos si lo tuviéramos. Es curioso que sin importar cuántas bendiciones haya derramado Dios sobre nosotros, ¡solemos enfocarnos en lo que no tenemos! Debemos preguntarnos: ¿Será que el enemigo está tratando de desviar mi enfoque?

Recuerde que Satanás quiere alejarnos del Señor. Si puede lograr que quitemos nuestra mirada de Dios y fijemos nuestra atención en lo que sentimos que nos está haciendo falta, podrá tentarnos.

Luego, ese pensamiento crece hasta que finalmente da lugar al deseo abierto. Este intenso anhelo es la culminación de nuestras fantasías. Ya no estamos satisfechos con simplemente disfrutar del objeto en nuestra mente; ahora queremos tenerlo realmente.

Por último, el deseo lleva a una elección. Aquí es donde tomamos la decisión, ¿Cederé a este pecado, o lo rechazaré para someterme a la voluntad del Señor?
Gracias al poder del Espíritu Santo, tenemos la capacidad de apartarnos de la tentación. Nunca somos impotentes para neutralizar la situación, no importa que tan fuerte sea.

¿Se ha sentido usted incapaz alguna vez de detener una tentación en su vida? Entender la naturaleza de este proceso gradual puede ayudarle a mantenerse firme contra las tácticas del enemigo.

Thursday, July 7, 2016

¿Qué es la tentación? | Dr. Charles Stanley | 7/7/16

Toda persona experimenta tentaciones, no importa qué tan espiritual sea o cuánto tiempo haya seguido a Cristo. A veces, esta experiencia es como un débil susurro; en otras ocasiones, es como un grito insoportable en la mente. Pero no importa cómo suene, usted sabe exactamente lo que se siente ser tentado.

La tentación es simplemente la incitación a llevar un deseo dado por Dios, más allá de los límites dados por Él. Muchas personas rechazan esta idea; se niegan a creer que las incitaciones que producen sentimientos de culpa tengan que ver remotamente con el Señor. Pero, piense en esto: ¿De qué manera se siente tentado con mayor frecuencia? ¿En lo material? ¿En lo sexual? ¿En desear estar rodeado de ciertas personas? ¿En comer? Todas estas son cosas que Dios no solamente creó, sino que también utiliza para bendecir a los suyos. El problema viene cuando nosotros —que todavía tenemos una naturaleza carnal— llevamos estos impulsos más allá de los límites sanos que Dios ha fijado para nuestra vida.

Por ejemplo, Él creó el sexo para el disfrute dentro de la relación matrimonial. Pero cuando este deseo divinamente aprobado es corrompido por la intimidad física fuera del matrimonio, entonces lo que el Creador diseñó se convierte en una fuente de culpa y vergüenza. Eso no fue lo que Dios diseñó.

Una de las principales estrategias del enemigo es distorsionar los impulsos dados por Dios. Pero usted puede frustrar ese ataque: recuérdese a sí mismo de dónde surgió el impulso, y luego pídale a Dios fortaleza para utilizarlo para su gloria, tal como fue la intención de Él.

Wednesday, July 6, 2016

¿Puede usted confiar en su conciencia? | Dr. Charles Stanley | 7/6/16

“Haga lo que le dicte su conciencia”. Esta pizca de sabiduría popular parece lógica, ya que nuestra conciencia está hecha para ayudarnos a discernir el bien del mal. Pero, no se puede confiar siempre en este radar interno como guía; ese es el caso de los que no tienen al Espíritu Santo para que les revele la verdad y les guíe a tomar decisiones atinadas. Y aunque los cristianos tenemos al Espíritu de Dios morando en nosotros, debemos tener cuidado de no vivir en pecado, ya que esto puede interferir en el funcionamiento de nuestro sensor moral.

Una conciencia fiable es aquella programada con la enseñanza bíblica. Los creyentes crean un sistema de radar espiritual firme y sensible al aplicar la verdad de Dios a su vida. Toman la decisión de pensar y actuar de maneras que honren y agraden al Señor. Entonces, cuando aparezcan pensamientos u opciones pecaminosas en ese radar, este enviará una advertencia clara.

La persona con una conciencia fiable tiene el deseo sincero de obedecer a Dios. No se conforma con lo que parezca estar o verse bien, sino que busca la voluntad del Señor. O sea, no se basa solo en su conciencia, sino que incorpora a su vida diaria todos los recursos del Espíritu Santo —entre ellos la Biblia y la oración.

La conciencia no fue diseñada para ser nuestra guía; es una herramienta del Guía. El Espíritu Santo no solo nos convence de pecado, sino que también trae a la mente los principios divinos, y nos lleva por el camino recto. Él usa diversas herramientas para conformarnos a la semejanza de Cristo (Ro 8.29).

Tuesday, July 5, 2016

El papel de la conciencia | Dr. Charles Stanley | 7/5/16

El Señor da a cada persona una conciencia, la cual es como un sistema de radar destinado a enviar advertencias cuando ciertas conductas o decisiones pudieran ser perjudiciales. Esto hace posible que la persona pueda distinguir entre lo malo y lo bueno, especialmente en lo relacionado con su vida. Si ignoramos nuestra conciencia, lo hacemos a nuestro propio riesgo.

En el creyente, la conciencia es una herramienta del Espíritu Santo; Él la programa con los principios de la Palabra de Dios y la agudiza para que responda con rapidez. Aun así, el único propósito de este radar es enviar una señal. Lo que suceda después es cosa nuestra. O bien ignoramos la advertencia, o bien nos detenemos para escuchar lo que el Espíritu quiera decirnos sobre la situación que atravesamos. El Espíritu Santo revela la voluntad de Dios o nos recuerda sus principios para que podamos tomar una decisión acertada gracias a esta alarma en nuestra conciencia.

La carta de Pablo a Timoteo menciona a personas que habían rechazado la guía de Dios —no habían prestado atención a la alarma de su conciencia (1 Ti 1.19), y el resultado fue el naufragio de su fe. Cuando en el radar aparece algo que habla de desobediencia a Dios, tenemos que rechazar lo que pensamos hacer. Si no, este mecanismo de detección se deteriorará y no funcionará bien. Si seguimos ignorando la alarma, al final no sonará más.

Todos conocemos a personas que han “encallado” en la vida. El naufragio de la fe es inevitable cuando el cristiano ignora su conciencia y justifica o defiende su desobediencia. Es mucho mejor que usted se vuelva al gran capitán de su alma, Jesucristo. El Espíritu Santo le guiará bien.

Friday, July 1, 2016

Un corazón para Dios | Dr. Charles Stanley | 7/1/16

El rey David cometió varios errores graves a lo largo de su vida. Pero fue llamado un varón conforme al corazón de Dios, y fue utilizado poderosamente por Él para liderar a los israelitas. Lo que distinguía a David era la prioridad que daba a su relación con Dios. David se deleitaba en conocer al Señor, y lo buscaba fervientemente. Al escribir: “Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida”, declaraba que la misericordia de Dios era mejor que la vida, y prometía alabarle durante toda su existencia (Sal 63.1, 3, 4).

David veía al mundo desde una perspectiva centrada en Dios. Se maravillaba del poder creador del Señor en el mundo, confiaba en su protección y fortaleza, y proclamaba su fidelidad en sus escritos. También oraba fervorosamente y con frecuencia, haciendo peticiones en la mañana, esperando con ansias una respuesta. En las noches seguía buscando a Dios (Sal 63.6).

Ambas acciones —orar y meditar en el carácter de Dios— alimentaban su confianza en el Señor. Su fe lo sostuvo a lo largo de su vida: como pastor de ovejas, protegiéndolo de los ataques de animales salvajes; como joven, derrotando al gigante Goliat; y como el líder ungido de la nación, librándole de los planes sanguinarios del rey Saúl. Cualquiera que fueran las circunstancias, buscaba al Señor y le daba prioridad a la relación que había entre ellos.

Los salmos recogen el deseo de David de conocer a Dios y de ser conocido por Él. Buscaba la guía del Señor mediante la oración con un corazón devoto. El Señor Jesús nos invita a acercarnos y a dedicar tiempo para aprender de Él (Mt 11.28, 29). ¿Es seguir a Cristo la prioridad de su vida?