Monday, October 10, 2016

Victoria en las pruebas | Dr. Charles Stanley | 10/10/16

Moisés tuvo momentos difíciles en su larga vida. Huyó después de cometer un asesinato, pasó años en el desierto, se enfrentó a un rey que lo menospreció, condujo a una nación quejumbrosa durante 40 años de dificultades, y vio los altibajos de ese mismo pueblo en su lealtad. Pero después que Moisés aprendió el secreto para enfrentar las pruebas, las enfrentó con valentía.

A pesar de que regresó a Egipto con un llamado inconfundible del Señor (Éx 3.10), presentarse ante Faraón debió haber sido intimidante. Y Moisés tuvo que pedirle repetidamente a este que liberara a los israelitas. Faraón no fue inmutado por las langostas, convencido por los forúnculos, o suavizado por el agua convertida en sangre. De hecho, les hizo la vida aún más difícil a los esclavos, obligándoles a encontrar los materiales para fabricar los ladrillos. Y, por su parte, los hebreos fueron muy ingratos con su líder.

A pesar de toda la oposición, Moisés siguió volviendo al palacio hasta que logró el propósito de Dios —la liberación de su pueblo. Hebreos 11.27 nos dice que quien había sido un príncipe en Egipto, durante el éxodo “se sostuvo como viendo al invisible”. Después de muchas pruebas a sus espaldas, y más que le aguardaban después al conducir a este pueblo rebelde, Moisés siguió adelante, consciente de que andaba en la presencia del Señor.

Dios había prometido estar con Moisés en cada paso del camino (Éx 3.12). El líder israelita fijó su atención en esa promesa y en Quién la hizo. Tuvo la sabiduría de confiar en que el “Yo soy” (Éx 3.14), el eterno soberano del universo, guardaría su camino y le daría la victoria en las pruebas.

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