Wednesday, November 25, 2015

DIOS ES BUENO | Dr. Charles Stanley

Una de las primeras verdades que un niño aprende en la iglesia es que Dios es bueno. La sencillez de esta declaración enmascara la profundidad de ese notable atributo del Señor. Él es absolutamente santo y perfecto, lo que significa que solamente Dios es la norma de toda verdad. Y puesto que la expresión de la bondad del Padre se revela en sus acciones, todo lo que Dios hace es bueno y justo, pues no puede violar su misericordiosa naturaleza.

Dios también es inmutable y, por tanto, su relación con nosotros está determinada por su carácter, no por nuestra conducta. Aunque estemos viviendo en rebeldía, Él sigue siendo bueno. Como un Padre celestial amoroso, responde con disciplina para restaurar la relación que tiene con nosotros, no para destruirnos por ser rebeldes.

La bondad del Señor se expresa de una multitud de maneras. Él es nuestro Creador y nosotros somos su pueblo. Cada respiración la recibimos de Dios. Como nuestro amoroso Pastor que vela por cada uno de sus hijos, Él provee para cada una de nuestras necesidades. Pero la mayor expresión de la bondad de Dios, es la cruz de Cristo. Lo que parecía ser desde una perspectiva humana la mayor crueldad e injusticia, era la única manera de redimir a la humanidad de su separación eterna del Señor.

Creer en la bondad de Dios es uno de los pilares de nuestra fe. Esta verdad nos llena de alegría en los momentos felices, y nos da confianza cuando la vida es dura, injusta o dolorosa. Cuando no entendamos lo que el Señor está haciendo, podemos confiar en su amor, y saber que es bueno.

Tuesday, November 24, 2015

VICTORIA SOBRE EL SENTIMIENTO DE CULPA |Dr. Charles Stanley

A veces, las personas siguen siendo prisioneras de la culpa mucho tiempo después de que este sentimiento debería haberse resuelto. Para algunos es natural que sea así, porque se niegan a abandonar el pecado que la produjo. Por otra parte, otros sufren el peso de la culpa falsa, ya que albergan una vergüenza que ya no deberían tener. Cualquiera que sea la causa de su autocondenación, el plan de batalla sigue siendo el mismo.

La victoria sobre la culpa comienza con la comprensión de que el Salvador llevó nuestra vergüenza a la cruz y pagó nuestro castigo. Sin Jesús, la deuda no habría sido pagada, porque no hay manera de que podamos pagar por nuestro pecado. Pero necesitamos identificar sinceramente la fuente de nuestra culpa y confesarla ante Dios. Eso significa, primero, reconocer que Dios llama pecado a lo que hicimos; y segundo, arrepentirnos y apartarnos del mal para hacer lo correcto.

Confrontar la culpa de esta manera sustituye nuestra vergüenza con paz y alegría. Además, nos da sabiduría para hablar de eso con otros. La franqueza en cuanto a nuestros errores del pasado puede ayudar a que los que están en nuestra esfera de influencia lleguen a conocer al Señor. Por medio de nuestro testimonio, Dios puede llegar a otros que necesitan que sus cadenas de culpabilidad sean rotas.

La batalla para vencer el sentimiento de culpa es una que no debería demorarse. Este sentimiento no se marchará solo. Verdadera o falsa, su autocondenación debe ser tratada con rapidez. Es hora de ponerle fin a su cautiverio, y empezar a caminar en el gozo de la bendición de Dios.

Monday, November 23, 2015

EL SIGNIFICADO DE LA CULPA | Dr. Charles Stanley

La culpa por algo que viola la conciencia es un sentimiento normal. Sin embargo, vivir bajo una nube de remordimiento sin una razón clara no lo es. El Señor creó los sentimientos de culpabilidad y remordimiento para que sirvieran como recordatorios de que hemos hecho algo malo, y que necesitamos arrepentirnos. Pero Satanás usa tales sentimientos para tener cautivas a las personas, pues quienes viven con un sentimiento de culpa no están seguras del amor de Dios.

La culpa buena —la herramienta efectiva del Señor para impulsar al arrepentimiento— es un regalo que nos ayuda a encontrar la senda correcta. Pero el diablo estimula la culpa falsa, que implica hacernos responsables por cosas que están fuera de nuestro control, y sufrir autocondenación por no ser capaces de cambiar las consecuencias. Este tipo de culpa es también un problema generalizado de quienes están en iglesias legalistas o que tienen ciertos estilos de vida; ciertas actitudes o pensamientos son considerados pecaminosos, y entonces las personas se sienten avergonzadas por hacer o pensar en esas cosas.

La autocondenación le impide a las personas el desarrollo de una relación con Cristo. Atrapadas por la culpa, temen ser rechazadas. La confianza en sí mismas es casi imposible, porque están esperando que la condenación de Dios caiga sobre ellas.

El Señor no vino para acusarnos o condenarnos. Cristo regeneró nuestra alma y nos hizo justos delante de Dios, y por eso nuestra culpa ha sido quitada. Si nuestro Salvador perdonó a la mujer sorprendida en adulterio, piense en cuán dispuesto está Él a quitar nuestro sentimiento de culpa (Jn 8.11).

Sunday, November 22, 2015

LOS CRISTIANOS EN EL LUGAR DE TRABAJO | Dr. Charles Stanley

Uno de los mayores obstáculos para la efectividad del evangelio es la manera como actúan los cristianos en la iglesia, y como lo hacen en otros lugares. La manera como vivimos para Dios debería permear todas los aspectos de nuestra vida. El lugar de trabajo no es una excepción.

La manera como actuamos refleja nuestra fe. Entonces, si decimos ser cristianos, nuestros compañeros de trabajo, jefes y empleados equipararán nuestras actitudes y acciones con el Señor Jesús. ¿Ven las personas que trabajan con usted un reflejo positivo de Dios en su ética de trabajo?

Echemos un vistazo a un modelo bíblico a seguir. Primero, debemos vernos como servidores. Segundo, nuestro verdadero jefe es Cristo; por tanto, trabajemos con interés e integridad, sabiendo que nuestra recompensa viene de Él (Col 3.23). Tercero, ya que toda autoridad en la tierra ha sido dada por Dios (Ro 13.1), debemos obedecer con agrado a nuestros superiores, a menos que, por supuesto, nuestro jefe nos pida que hagamos algo contrario a la Palabra de Dios. Y, por último, todos aquellos con quienes trabajamos son valiosos para el Señor y debemos tratarlos con respeto (1 Jn 4.7, 8).

Piense en cómo se aplica aquí la regla de oro: “Traten a los demás como quisieran ser tratados”. Dicho de otra forma, imagínese a usted como jefe y pregúntese: ¿Cómo me gustaría que trabajaran los empleados? Debemos trabajar como si Dios fuera nuestro jefe. Esto significa hacer las tareas con alegría, actitud servicial y respeto por los demás, con diligencia y obediencia a quienes tienen posiciones de autoridad. Imagínese lo que podría ser el lugar de trabajo si todos los creyentes vieran sus empleos de esta manera.

Friday, November 20, 2015

LA VICTORIA SOBRE LA FALTA DE PERDÓN | Dr. Charles Stanley

Inmediatamente después de enseñar a sus discípulos cómo orar, el Señor Jesús hizo una advertencia en cuanto a no dejar que la falta de perdón se anide en el corazón. Dijo que quienes se niegan a perdonar a otros no serán perdonados por el Padre.

Los creyentes no pierden su salvación cuando rehúsan perdonar pero interrumpen su relación con Dios. La actitud rencorosa estorba la confesión y el arrepentimiento. El Señor no puede pasar por alto el pecado, y su Espíritu le hará saber al creyente cuando exhibe una conducta pecaminosa, hasta que se ocupe de ella.

El perdón es un acto de la voluntad más que del corazón. Muchas veces, las personas no sienten que deben tener misericordia con quienes las han agraviado. Pero un espíritu rencoroso se convierte en una carga terrible. El Señor sabe que el perdón es lo mejor, aun cuando sea difícil.

Usted no se encargará de un pecado hasta que lo vea como Dios lo ve. Por tanto, acepte toda la responsabilidad por su actitud, y reconozca que eso es una violación de su Palabra. Acuda a la misericordia divina, y pídale a Dios que le dé fuerzas para despojarse de la ira y el resentimiento. Como parte de su decisión de avanzar en la gracia, cultive el hábito de orar por quienes le hirieron. Y si el Señor lo impulsa a hacerlo, busque el perdón de esas personas por su actitud pecaminosa.

Un espíritu de amargura y resentimiento no corresponde con lo que somos en Cristo. Ni tampoco es saludable andar con una actitud de enfado. Por eso es tan importante perdonar. Decida verse libre de su carga; el Señor prometió hacernos libres si le entregamos nuestros pecados (Jn 8.36).

Thursday, November 19, 2015

PARA SUPERAR EL FRACASO | Dr. Charles Stanley

La voluntad de Dios para la vida del creyente es que obtenga la victoria. Pero, a veces, podemos encontrarnos cayendo una y otra vez en un mismo pecado. Como resultado, nuestra vida de oración se caracteriza por promesas incumplidas de no reincidir en las faltas. Le decimos al Señor que anhelamos hacer lo correcto, pero a menudo nuestro deseo se desvanece cuando la integridad ya no es conveniente, placentera o rentable. Muchos creyentes se enojan con Dios porque no les da la victoria, pero el pecado es siempre elección nuestra, no del Señor.

Si una conciencia atormentada y sufrimientos son el resultado de nuestra decisión de pecar, ¿por qué seguimos pecando? Una de las razones es la falta de arrepentimiento total. Es posible que experimentemos dolor, humillación y vergüenza por el pecado, y no estar verdaderamente arrepentidos. La razón es que la mortificación no es cuestión de llorar o sentirse culpable; en vez de eso, el arrepentimiento verdadero es aceptar lo que Dios dice. Cuando lo hacemos, el corazón da un giro en dirección contraria a la transgresión persistente.

La segunda razón del fracaso es una visión inadecuada de nuestra verdadera identidad en el Señor. Nosotros, como hijos de Dios, tenemos al Espíritu Santo viviendo en nosotros para darnos poder. Si entendemos esta verdad, reconoceremos que el pecado no corresponde con quienes somos, y dejaremos de justificar nuestras faltas. Nuestro arrepentimiento genuino se basa en una comprensión plena y sincera de nuestra identidad.

Cuando juntamos estas dos verdades, creamos una herramienta poderosa contra Satanás. Nuestro Padre celestial quiere que seamos victoriosos, y que superemos nuestros fracasos al recordar que Cristo es la fuente de vida.

Wednesday, November 18, 2015

NUESTRO ACOMPAÑANTE INCOMPARABLE | Dr. Charles Stanley

La soledad se hará presente en la vida de toda persona en algún momento. Sin embargo, los creyentes nunca estamos solos, porque Dios nos ha dado un acompañante permanente —el Espíritu Santo. Él es el Consolador o Ayudador que está con nosotros para siempre.

Nadie puede prometer estar siempre disponible para otra persona; el tiempo, la distancia, e incluso la muerte, pueden separar a dos personas que habrían preferido enfrentar las dificultades juntas. Afortunadamente, por haber enviado al Espíritu Santo a habitar dentro de nosotros, Jesucristo mantiene su promesa de nunca dejarnos ni desampararnos (He 13.5). Esto significa que la relación con nuestro Acompañante es más grande que cualquier relación humana que tengamos. Puesto que el Espíritu de Dios es una persona de la Trinidad, Él es capaz de dar respuesta a todas nuestras necesidades.

Dios nos diseñó para estar completos solamente cuando habita en nosotros su Espíritu, lo cual se produce en el momento de la salvación. Sin embargo, tenemos la opción de ignorar al Espíritu Santo. Por ejemplo, algunas personas intentan tercamente saltarse lecturas de la Biblia cuando encuentran inconveniente la Palabra de Dios. Esta clase de vida se caracteriza por descontento, paz fugaz y soledad permanente en el corazón.

El Espíritu Santo es nuestro parakletos, o acompañante que “camina a nuestro lado”. Si nos mantenemos alejados de Él, nos distanciamos del Padre, también. Pero si le pedimos al Espíritu que guíe nuestros pasos y abra nuestra mente a los caminos de Dios, Él estará disponible para hacerlo.