Wednesday, April 22, 2015

LOS PRINCIPIOS DEL REINO | Warren W. Weirsbe

Los Principios del Reino (Mateo 13:1–9, 18–23)

La parábola del sembrador no empieza con “El reino de los cielos es como …” porque describe cómo empieza el reino. Empieza con la predicación de la Palabra de Dios, la siembra de la semilla en los corazones de la gente. Cuando decimos “Déjame plantar un pensamiento en tu cabeza” expresamos la idea de esta parábola. La semilla es la Palabra de Dios; los varios terrenos representan diferentes clases de corazones; y los diferentes resultados muestran las diferentes respuestas a la Palabra de Dios. Jesús explicó esta parábola de modo que no hay duda en cuanto a su significado.

¿Por qué comparar la Palabra de Dios con una semilla? Porque la Palabra es “viva y eficaz” (Hebreos 4:12). A diferencia de las palabras de los hombres, la Palabra de Dios tiene vida en sí; y esa vida puede ser impartida a los que la creen. La verdad de Dios debe echar raíces en el corazón, debe ser cultivada y se le debe permitir que dé fruto. Nos sorprende que tres cuartas partes de la semilla no dieron fruto. Jesús no describió una edad de gran cosecha, sino una en que se rechazaría la Palabra de Dios. No se impresionó por las grandes multitudes que le seguían, porque sabía que la mayoría de la gente no recibiría su Palabra ni llevaría fruto.

Fruto es la prueba de la verdadera salvación (Mateo 7:16). Esto incluye la santidad (Romanos 6:22), el carácter cristiano (Gálatas 5:22–23), buenas obras (Colosenses 1:10), ganar a otros para Cristo (Romanos 1:13), compartir lo que tenemos (Romanos 15:25–28) y alabar a Dios (Hebreos 13:15). Para que una planta dé fruto debe tener sus raíces en el suelo y recibir la luz solar.

En esta parábola, el sol representa la persecución que viene como consecuencia de recibir la Palabra. La persecución ayuda a los creyentes a crecer. Pero la luz solar puede matar a una planta que no tiene raíces. Esto explica por qué algunos llamados creyentes no duran: Su fe es débil, su comprensión es escasa y su decisión no es sincera. Es posible creer y no ser salvo (Juan 2:23–25). Si no hay fruto en la vida, no hay en el corazón la fe salvadora.

En Mateo 13 encontramos la palabra “oír” diecinueve veces. La parábola del sembrador se halla en los primeros tres Evangelios, y en cada uno, la admonición con que termina es diferente. Es importante oír la Palabra de Dios, porque “la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). Jesús dijo: “El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 13:9), “Mirad lo que oís” (Marcos 4:24) y “Mirad, pues, cómo oís” (Lucas 8:18).

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